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Domingo, 11 de octubre de 2026

Macartismo y Complejo industrial militar

Macartismo y Complejo industrial militar

Imagen por: https://gemini.google.com/FELIPE-SOLARTE-NATES

La ideología ultraconservadora que gobierna con Trump, integrando lo más cavernario del judaísmo, de las múltiples religiones cristianas y del catolicismo, atacando toda ideología y política progresista, enmarcándola en lo WOKE, recuerda el MACARTISMO, sufrido en los Estados Unidos desde inicio de la década de los años 50, posteriores a la consolidación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, como potencia mundial disputándoles el dominio del planeta.

 Fue “un periodo de intensa persecución política, desencadenada al inicio de la Guerra Fría entre las dos superpotencias, caracterizado al interior de los Estados Unidos por acusaciones de conspiración y deslealtad, sin el debido proceso legal”, cuando al estilo de la cacería de brujas, todo atisbo de ideas y posiciones liberales eran tachadas de “comunistas” por la horda de inquisidores que encabezó el senador republicano Joseph McCarthy.

Muchos científicos como Albert Einstein, el químico Linus Pauling directores y actores de cine, como Orson Welles, Charles Chaplin, fueron perseguidos, cuando los Estados Unidos, gracias al enorme desarrollo industrial que estimuló la Segunda Guerra Mundial, se consolidaron como principal potencia económica y militar de los llamados “países occidentales y democráticos”, militarmente agrupados en el Tratado del Atlántico Norte, más conocido como la OTAN, rivalizando en número de hombres y en cantidad y calidad de las armas con los países “comunistas del bloque oriental o la Cortina de Hierro”, militarmente unidos en el “Pacto de Varsovia”, obedeciendo ordenes de Stalin afincado en Moscú.

La repartición de territorios qué, al concluir la Segunda Guerra Mundial, hicieron en 1945, entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, y los Estados Unidos, fue el punto de partida para que, en las décadas siguientes, en Asia, África y Latinoamérica, estas dos potencias con la CIA y la KGB como principales agencias de espionaje e inteligencia, se enfrentaran por medio de facciones nacionales de sus seguidores, combatiendo en sus respectivos países, especialmente de África y Asia, en “guerras por la descolonización de Gran Bretaña, Francia, Portugal entre otros y por la liberación de campesinos y obreros”.

La oleada ultraconservadora fue muy intensa en los Estados Unidos y en esa época también se evidenció el peligro del monstruo engendrado durante la Segunda Guerra Mundial: “El Complejo Industrial Militar”, que con su lobby empezó a influenciar en gran medida al Pentágono y las políticas del gobierno de los Estados Unidos, produciendo gran cantidad de armas cada vez más perfeccionadas y letales y para poder venderlas, promoviendo temores de invasiones (de los comunistas) y años más tarde guerras en otros países (Corea, Vietnam, Nicaragua, Irak, Afganistán, Gaza, Líbano, Ucrania, etc).

Sobre la influencia que hoy ejercen los Musk, Bezos y demás propietarios de las billonarias empresas tecnológicas que hoy dominan las redes de internet, la nube, la Inteligencia Artificial y la fabricación de cohetes y armas cada vez más autónomas, hace 64 años, en su último día en la presidencia de los Estados Unidos, Ike Eisenhower, se adelantó a advertir de los peligros que se cernían.

El 17 de enero de 1961, en el discurso de despedida para entregarle la presidencia al asesinado John F. Kennedy; Eisenhower, quien durante la Segunda Guerra Mundial fuera el máximo comandante de los ejércitos de los países Aliados, con respecto al naciente “Complejo Industrial Militar”,  expresó:

“…  En los consejos de gobierno, debemos estar alerta contra el desarrollo de influencias indebidas, sean buscadas o no, del complejo militar-industrial. Existe y existirán circunstancias que harán posible que surjan poderes en lugares indebidos, con efectos desastrosos.
Nunca debemos permitir que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades ni nuestros procesos democráticos. No deberíamos dar nada por supuesto. Sólo una ciudadanía entendida y alerta puede obligar a que se produzca una correcta imbricación entre la inmensa maquinaria defensiva industrial y militar, y nuestros métodos y objetivos pacíficos, de modo que la seguridad y la libertad puedan prosperar juntas.
Similar, y en gran medida responsable por los profundos cambios de nuestra situación industrial y militar, ha sido la revolución tecnológica durante las décadas recientes…”

“…  La perspectiva de que los académicos de la nación puedan llegar a estar dominados por el Gobierno federal, por la concesión de proyectos y por el poder del dinero, está más que nunca ante nosotros, y es un riesgo que debe considerarse muy seriamente.
Aun teniendo el respeto debido a la investigación y los descubrimientos científicos, también debemos estar alerta ante el peligro contrario e igualmente serio de que la política que ha de velar por el interés público se vuelva cautiva de una élite científico-tecnológica.
Es tarea de los hombres de Estado dar forma, equilibrar e integrar a estas y otras fuerzas, nuevas y viejas, en el seno de los principios de nuestro sistema democrático — persiguiendo siempre los fines supremos de nuestra sociedad libre… ”.


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