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Viernes, 2 de octubre de 2026

Los títulos de Aida Quilcué

Los títulos de Aida Quilcué

Imagen por: https://chatgpt.com/

Lizandro Penagos

 

Las personas más inteligentes son todas autodidactas,

incluso si fueron a la escuela.

Carl Sagan

 

Aida Marina Quilcué Vivas no tiene título ni profesión. Lo que tiene es una vida dedicada a la reivindicación de las luchas sociales populares. La fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda, con el Pacto Histórico, fue la primera mujer indígena en llegar al Congreso de la República. Senadora por la Circunscripción Especial Indígena con el partido del Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS). En la página de Congreso Visible, del departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes se lee: Política, lideresa indígena y líder social colombiana del pueblo nasa. En 2021 fue ganadora del Premio Nacional a la Defensa de los Derechos Humanos en Colombia, en la categoría Defensa a Toda una Vida. 23 registros de ponencia. Tres registros de control político. Y en el apartado de conflicto de intereses, nada. Nada más, pero hay más.

 

Las redes están inundadas de memes y cartelitos donde profesionales varados, bachilleres de nocturna, analfabetos funcionales y gente muy pila, exigen título para el segundo cargo de la nación. No han de saber que no se necesita y tampoco para el primero. Basta con ser colombiano de nacimiento, ciudadano en ejercicio y tener más de 30 años de edad. Aida Quilcué tiene 53 años, miembros del ejército asesinaron a su esposo en 2008 y desde siempre ha enfrentado amenazas, discriminación y varios atentados. Responde con una serenidad prodigiosa: Yo trabajo en defensa de la vida y de la madre tierra. Tiene una hija. Pertenece al Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), del que fue la primera mujer en convertirse en su representante legal (Consejera Mayor) y lideró también la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) entre 2016 y 2020; se desempeñó además como miembro experto del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU y como asesora de la UNESCO en temas de paz y derechos humanos. Nada más y nada menos.

 

Aida integra la Comisión Primera Constitucional, que debate y aprueba proyectos de ley de fondo, reformas a la Constitución y leyes estatutarias; y la Comisión de Derechos Humanos, una comisión legal encargada de la defensa y promoción de los derechos humanos en el país, sin facultad para aprobar leyes directamente. Mejor dicho, un invaluable y necesario saludo a la bandera, menospreciado por violadores del DIH. Sus iniciativas legislativas han incluido, proyectos para prevenir y sancionar la violencia y el acoso político contra las mujeres; reformas para el reconocimiento del pensamiento social y crítico como base de la educación para la paz; y defensa de la justicia transicional y la implementación del Acuerdo de Paz de 2016, ese que no han podido hacer trizas los críticos acérrimos de la paz total, que nunca jamás debaten el fracaso de 80 años de desesperanza de las políticas de guerra. Sí, Aida Quilcué es una guerrera de la paz.

 

El estudio, todos sabemos, es otro de los tantos privilegios de quienes pueden pagarlo, así sea en la universidad pública, que cada vez está más privada, pero de recursos, realidad que este gobierno quiso revertir con inyección de capital y políticas de gratuidad, mejoramiento de infraestructura y construcción de nuevas sedes para la educación superior, que no se habían construido hace 50 años. Aunque escasos (son pocos los triunfadores), hay buenos ejemplos de seres para los que la universidad no fue necesaria porque sus intereses y expectativas de conocimiento superaban la enseñanza limitada e igualada que entrega la educación como negocio. Una cosa es la educación formal y otra la inteligencia, el conocimiento y la superación. Y Aida Quilcué hace parte del selecto grupo que no ha necesitado la educación formal para trascender en la vida.

 

Como Aída, lo entendieron, lo decidieron y lo hicieron, Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis y William Ospina, para citar sólo tres casos de letras. El Premio Nobel de Literatura hizo sólo cuatro semestres de Derecho en la Universidad Nacional; el Premio Príncipe de Asturias no terminó el bachillerato; y el Premio Rómulo Gallegos cursó dos años de Derecho en la USC (Universidad Santiago de Cali) cuando le decían USACA. Son los tres escritores más importantes, exitosos y leídos de Colombia. Del primero se dijo que era el escritor vivo más importante del mundo (11 años después de muerto se nos apareció con el libro En agosto nos vemos) y el segundo más importante del castellano, después de Cervantes; del segundo se asegura que es la más universal de nuestras plumas y dejamos caer la casa en la que vivió su juventud en Coello-Tolima; y del último, a quien García Márquez dijo que le entregaría la antorcha de las letras nacionales, casi se quema cuando apoyó la candidatura de Rodolfo Hernández. No se sale ileso de los cálculos burocráticos.

 

Para los escépticos –y sin contar a los deportistas–, hay otros personajes en el mundo que triunfaron en escenarios distintos a las letras y fueron y son seguidos por millones y se ganan millones sin haber obtenido un título profesional: Charles Chaplin, Cantinflas, Bill Gates, Steve Jobs, Mark Zuckerberg, Pepe Mujica y Luiz Inacio Lula Da Silva, para citar sólo algunos. Este último que llevó a Brasil a la categoría de potencia, asumió su primera presidencia en 2003 tras ganar las elecciones en segunda vuelta con el mayor número de votos de la historia democrática brasileña (52,4 millones) alcanzando el 61% de los sufragios. En su discurso de posesión, Lula dijo entre sollozos: “Y yo, que durante tantas veces fui acusado de no tener un título universitario, consigo mi primer diploma, el título de presidente de la República de mí país.” Repitió la hazaña democrática 20 años después, en 2023. Hoy se estudia la trayectoria y logros de quien de niño fuera lustrabotas, de joven sindicalista y de hombre adulto y mayor: gran estadista.

 

Luis Eduardo Garzón, Carlos Mayolo, Jorge Barón, Germán Castro Caycedo, Antonio Caballero, Shakira, Juanes, y muchos otros, no tienen la foto con toga, birrete y diploma. Ni el saber, ni el profesionalismo, ni el prestigio, lo otorga un título universitario. Alberto Lleras Camargo, presidente de la República entre 1945 y 1946 y de 1958 a 1962, y a juicio de algunos entendidos el gran estadista del siglo XX en Colombia, tampoco tenía título profesional. Ni otros expresidentes como Miguel Antonio Caro, ni Alfonso López Pumarejo, ni Julio César Turbay Ayala (al que más se le notó). ¡Ni el magnate Julio Mario Santodomingo, fue profesional! A varios –de los aquí mencionados– universidades de Colombia y del mundo les otorgaron después doctorados honoris causa, entonces se cae de su peso que la idoneidad del profesionalismo sea garantía, es otra invención del sistema, un sofisma que no resiste mayores análisis porque el éxito es subjetivo cuando se aparta de lo estrictamente económico; pero trascendental cuando reposa en la humano.

 

Algunos miembros de los muchos clanes que desangran el erario del país como los Nule, los Char, los Gnecco, los Besaile, los Aguilar, lo Blel y casi todos los corruptos de la nación responsables de casos como el Guavio, Dragacol, Foncolpuertos, Proceso 8.000, Centros Poblados, Reficar, Agro Ingreso Seguro, Odebrecht, Colpensiones, Juegos Nacionales, Interbolsa, Chuzadas, Carruseles, Carteles de todo y un etcétera más extenso que las contradicciones y las malas compañías del felino virtual, son profesionales graduados de las mejores y más prestigiosas universidades de Bogotá y algunas del mundo. Entonces, dejen la joda con Aida Quilcué, que en Colombia hay más gente parecida a ella que a los doctores graduados (0.01% de la población total tiene un doctorado y eso es términos de densidad, significa más o menos 20 personas por cada millón de habitantes), los postgrados de cartón acreditan que usted pagó, pero no que aprendió; validan una trayectoria académica, pero no sensibilidad, ni liderazgo, ni compromiso con la gente. Si fuera por los doctores que han gobernado siempre seríamos potencia mundial y no sólo de la vida. Pónganse serios a trabajar, que como están las cosas ser profesional no es gran cosa. Vale más ser correcto, honesto y trabajador; que profesional, turbio, embaucador y matagatos.


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