LOS RÍOS SON MUJERES DE PERFUME Y LÁGRIMAS


Loco-mbiano

Lamento que en la lengua castellana los nombres de los ríos no sean femeninos. En francés sí lo son. Es la Seine, la Loire, La Garonne, la Rhone, la Meuse, la Dordogne, la Sambre, mujeres que corren como galgas gráciles por las campiñas y arboledas, como góndolas con estrellas en la frente, se exhiben como rosas con rocío o altivas como senos de nieve y cereza.
Podemos caminar por las riberas de los ríos y contemplar esas mujeres de caderas anchas, de pechos que estallan contra las piedras. Van cantando arias de sinfonías al aire, al sol y a las nubes. Tienen ojos de agua grises, verdes, azules, negros según la hora y el calor del día.
Hay ríos de cuerpos abundantes, con brazos delicados y piernas sudorosas. Algunos parecen heroínas que luchan por salir de madre en las tormentas y otras parecen lobas en noches de huracanes y ventiscas. Aúllan y buscan meterse en socavones y chocan con lo que encuentran a su paso.
A veces los ríos pasan frente a nuestros ojos como leonas soñadoras, con paso lento y moviendo la cola como si castigaran el viento que roza su pelaje. Otras veces parecen estar dormidas y se deslizan por las piedras sin que se note, no vayan a herir su lomo.
Los ríos son mujeres voluptuosas que muestran su cuerpo desnudo, cubierto apenas con gotas hechas trizas o con volutas de espuma que salpican de sus axilas o sus ingles cuando bracean o se zambullen entre sus líquidos. Se retuercen o dan vueltas mientras muestran su espalda y su vientre o emergen soberanas para saludar a quienes las miran.
Otras veces los ríos lucen como castas ninfas con alas de cigüeña y brazos de hilos de seda. Al son de valses y de violines del viento danzan sobre las piedras y tañen melodías con sus bocas al son de ocarinas de caracolas y pompas de agua. Cuando se bañan sus aguas lucen tersas, se visten de azul y en ellas se asoma el cielo como en Burdeos.
Después de largas lluvias, los ríos se levantan como mujeres en revuelta y en pie de guerra. Gritan, lloran y huyen despavoridas para no ver la destrucción y los horrores de aludes y destrozos.
Ah… de las mujeres que son los ríos de nuestras ciudades y nuestro territorio. Son nuestra vida, nuestra alegría y consuelo. Llenan nuestros sueños, refrescan nuestros ardores, calman la sed y la aridez del suelo que pisamos. ¿Por qué atentamos contra nuestras mujeres, niñas delicadas, mujeres dignas, heroínas valientes, diosas y únicas fuentes de vida y felicidad?



