Los recuerdos



Los recuerdos
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Los recuerdos con unos habitantes que merodean incesantemente en nuestra memoria. Son salteadores de caminos que vienen a caballo y taladran con el sonido de sus cascos nuestra tranquilidad meridiana o los sueños.
A veces son portadores de buenas noticias. Se bajan del caballo, entran a nuestra casa, saludan, se sientan y nos invitan a «charlar». Bonita palabra que, a veces, sirve para esconder un regaño, una llamada de atención o una amenaza. Pero generalmente sirve para entrelazar una amistad con anécdotas, risas, noticias gratas y recuerdos.
Los recuerdos deberían ser siempre gratos. Se denominan así con la inicial re y cuerdos. Repetición de cosas cuerdas, que son lógicas y fáciles de entender, las imágenes pasadas de hechos, conversaciones, advertencias que tal vez no significaron mucho cuando sucedieron pero que el recuerdo nos las hace salir a flote y resucitan con mucha intensidad.
Recuerdo viene de la palabra «recordar». Pueden ser cosas cuerdas, como parece significar o pueden referirse a cuestiones cordiales, del corazón -gratas o ingratas. Que han llegado hasta el corazón y siguen allá, – adentro – meciéndose en la cuerda floja del inconsciente.
Aparece, entonces, de improviso en los sueños, a raíz de una conversación o por un detalle que salta a la vista en un hecho fortuito u ordinario. Pueden ser sucesos gratos muchas veces o amenazas de peligro o cosas nefandas que no deberían volverse a mencionar. Pero, a veces son tan tozudas que siguen tras bambalinas sorprendiéndonos de cuando en cuando.
Como decía, los recuerdos, existen y nadie puede evitarlos. Es como volver a repetir una palabra o una frase o a rememorar un hecho que nunca debió hacer sucedido y que, por el contrario -, debería permanecer en un eterno silencio y escondrijo.Ya lo dije, los recuerdos son de variada índole. Son más gratos y frecuentes los recuerdos de cosas y conversaciones que hemos tenido. Uno no es un ogro o un ser maligno que viva pronunciando palabras procaces, que viva de la infelicidad del otro o que ande maquinando fechorías de día y de noche.
¿Serán, entonces, más los recuerdos gratos que los desagradables? ¿O, será uno tan «de malas» que se le vengan a la memoria más cantidad de eventos pasados desagradables de su vida, que los gratos? Yo creo que no. Uno no es un enfermo mental ni el humano más «de malas» que recuerde más lo feo que lo feliz y grato.
«Recordar es vivir», oye uno decir por ahí. Volver a ver u oír o a recordar o a presenciar, como en un dejá vu, un encuentro, saludo, viaje o aparición de una oportunidad, será volver a vivir y gozar lo que una vez sucedió por la primera vez.
Los re-cuerdos bellos de premios recibidos, paseos realizados, besos robados, regalos, personas conocidas, abrazos llorados o frases aplaudidas, loterías ganadas, apretones de mano o noches de pasión surgen, de pronto, ante nuestros sueños y fantasías y serán recuerdos siempre gratos.
10-04-19 -10:49 a.m.
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