LOS PRIMEROS PASOS EN LA VIDA



Los elefantes, caminan con dificultad desde recién nacidos y provocan la admiración de quien los observa. Pero no van a la escuela a hacer kínder. Por eso su mundo se reduce a caminar por donde le permita su volumen y el peso de sus pasos.
Estoy empezando a leer, es decir, a vivir un poco más allá de lo que pueden permitir conocer los pasos de los pies o mirar por la ventana de un bus y de un tren o de un avión. Confieso que esta técnica es casi nueva para mí – que escribo para mostrar algo del mundo y que leo para viajar por regiones por donde, tal vez nunca, hollarán mis plantas -.
Sí. La comparación de lo que hace en sus primeras horas y días un elefante, nos parece tierno y conmovedor. Pero, ¿quién se ha dado cuenta que su hija o hijo, hoy más ayer, con la aparición del celular y la tablet, empiezan a dar pasos tan gigantes como lo hacen los grandes vendedores y ejecutivos que recorren continentes y almacenes en dos días?
Leer un libro casi es una actividad diaria en muchos de nosotros. Y nos metemos en el libro como en un tren o en la cueva de un tesoro o en medio del mar con unos piratas. Y viajamos, de verdad, gozamos o sufrimos y experimentamos cansancio por el vaivén del buque o el traqueteo de las ruedas sobre los rieles…
Tantos años he viajado físicamente, pero hasta hora Manguel en el nuevo libro que me firmó, me ha estremecido con la verdad de la metáfora que hay dentro de la escritura y la lectura. No más empecé a leerlo fue como frotar el lomo de la redoma de un genio y sus páginas me fueron guiando por caminos lejanos y hasta ahora arcanos.
Entrar al libro de Manguel El Viajero, la Torre y la Larva es tomar un tren o montar en una alfombra con Aladino y empezar a ver paisajes reales, conversar con seres de siglos antiquísimos sin mover casi las pestañas. Con solo el pasar de diez páginas. Y esperar que vuelva a pasar el mismo tren o un helicóptero para seguir disfrutando de un viaje sin el peligro de naufragar o caer al abismo…
Ese es el riesgo que corre el niño cuando entra a la página de la red etérea. Ese es el reto del investigador que empieza a buscar el rastro de una larva antigua o la pista de una huella que lo guíe hasta el centro del problema. Ese es el temor de unos padres de familia con los hijos pequeños con la tableta en su mano. Y ese el placer de encontrar un libro con un título emocionante que invita al viaje por el solo valor de ir a una biblioteca o de comprar el libro en una librería.
¿Así que le tememos hoy que el niño emprenda el viaje sin nuestra compañía? Él, como un navegante experto, ya divisó el mundo y goza de ruedas voladoras, de juguetes que no hay necesidad de comprar, de Disney sin ir a Orlando. Mejor que ir a la escuela a repetir estándares obsoletos y clases aburridas. Más bien, acompañémoslo y viajemos con él.
07-11-16 11:30 a.m.



