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De los partidos y la sociedad civil

partidos y la sociedad civil
CARLOS E. CAÑAR SARRIA / [email protected]

La ciencia política define los partidos políticos como los intermediarios entre la sociedad civil y el Estado, concepto que nos lleva a entender que uno de los papeles fundamentales de los partidos es precisamente el hecho de canalizar las demandas y expectativas de la población y ser llevadas a las instancias de poder para que se traduzcan en políticas públicas en beneficio de las comunidades. La pregunta de siempre: ¿Hay Partidos políticos en Colombia?

Por sociedad civil entendemos una comunidad organizada, capaz de reivindicar sus derechos de manera pacífica, que es capaz de contener los abusos y arbitrariedades del país y que busca la cohesión social en la defensa de intereses colectivos. Otra pregunta: ¿En Colombia existe sociedad civil?

partidos y la sociedad civil
Imagen: http://juristascatolicos.blogspot.com.co/

Haciendo un poco de historia, en la Nueva Granada, a mediados del siglo XIX los partidos políticos comienzan a estructurarse tanto ideológica como doctrinariamente. El programa liberal se atribuye a Ezequiel Rojas, redactado en 1848, y un año después, José Eusebio Caro y Mariano Ospina Rodríguez redactan el programa conservador. Antes de su aparición, los partidos políticos comienzan a configurarse con las divergencias entre centralistas y federalistas, lo mismo sucede con la ruptura ideológica entre Bolívar y Santander. Al finalizar la dictadura de Urdaneta desaparece la tendencia bolivarista, quedando el liberalismo santanderista con dos corrientes: los liberales moderados o conservadores y los liberales progresistas o rojos. Bandos que significaban, en el caso del conservatismo: clericalismo, sistema unitario y la idea de orden; y de otro lado, con el liberalismo: sistema federalista, laicidad y la idea de progreso.

Tanto en el siglo XIX como en el XX y en lo que llevamos del XXI, los partidos se constituyen en un medio para acceder al poder y a los cargos burocráticos, es decir, en maquinarias que posibilitan la clientelización de nuestra sociedad. Por nada diferente se conocen los partidos que no sean la politiquería y el clientelismo, sin que asomen como verdaderos intermediarios entre la sociedad civil y el Estado.

Es importante resaltar que desde su inicio, los partidos políticos han estado relacionados con la violencia. Durante el siglo XIX, la constante fueron guerras civiles y constituciones, asunto que demuestra la  fragilidad política de nuestros dirigentes en aras de construir Nación. El siglo XX lo comenzamos en guerra. En 1948 se produce el asesinato de Gaitán y la sublevación de sus partidarios en ciudades y campos fue reprimida exitosamente, hecho que se ha denominado revolución frustrada. La falta de objetivos y alternativas desencadenan los odios heredados en ambos partidos, mientras se presentaba la descomposición de las comunidades campesinas. Ambiente que propicia el ascenso al poder de Rojas Pinilla en 1953, que deja en manos de una Junta Militar en 1957, la cual convocó a todos los colombianos a un plebiscito nacional, con el propósito de introducir algunas reformas a la Constitución permitiendo formalizar el Frente Nacional. En lo que respecta al siglo XXI, la violencia la siguen ejerciendo líderes que a toda costa quieren imponerse, en actitud mediática en no pocas ocasiones violando el orden constitucional y conculcando derechos ciudadanos.

De otro lado, si bien fue cierto que el Frente Nacional logra superar las rivalidades y los odios heredados entre liberales y conservadores, su prolongación o perpetuación permite hacer inútil la actividad política. El bipartidismo frente nacionalista y su política de exclusión se convierten en un monumento a la antidemocracia, al dejar por fuera a movimientos, partidos o grupos sociales con opciones de poder. Los partidos se caracterizan entonces, como mecanismo para conseguir adeptos y para la consecución de votos, haciendo del ciudadano una abstracción, al negársele la capacidad de pensar, disentir y decidir, ya que el voto en el Frente Nacional, es la contraprestación a los favores por recibir o recibidos, pero no funciona como actitud de participación democrática, libre y responsable.

Hoy encontramos como partidos unos grupúsculos políticos sin fundamentación filosófica, sin programas ni derroteros definidos; especie de maquinarias electoreras que se mueven al vaivén de las circunstancias y conveniencias y que aparecen y desaparecen como por arte de magia. Sus líderes dedicados al transfuguismo, se acuestan con un partido y al otro día amanecen en los brazos de otro.

¿Y la sociedad civil? Tampoco se siente por ningún lado en un país del que se dice que pasa de todo pero nada pasa. En muchas circunstancias de la vida nacional, lo que en realidad se constata es que hace falta pueblo. Sin una cultura política democrática, sin educación política, sin autonomía es imposible ejercer la ciudadanía.

Se avecinan las campañas presidenciales y los denominados partidos ya barajan nombres para las precandidaturas, posibles alianzas, en fin, nada diferente a lo que ya se ha hecho. Lo mismo sucede con las campañas legislativas y la sociedad civil no aparece por ningún lado.

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