Los Mataperros
Por: Luís A. Barrera M.
Hoy volvió a ser noticia Puerto Tejada. Un impactante video le da la vuelta al mundo en unas imágenes que nos avergüenzan y dicen mucho de la degradación y la falta absoluta de respeto por los indefensos animales.
Aunque he sido un defensor de la fiesta brava por cuanto en ella se mezclan justamente la gracia artística y la sabiduría, el arrojo e inspiración de un torero y la bravura, nobleza y elegancia de un toro bravo, no puedo ser indiferente ante la crueldad con que se actuó contra esta perra y que ha causado la indignación internacional.
Gandhi, ese magistral abogado y político hindú, decía que “La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la forma en que ésta trata a sus animales.”
Hay quienes se olvidan que una mascota es un ser vivo, no un juguete. Como ser vivo, requiere unas atenciones y supone unas obligaciones.
Quienes han visto el repugnante video grabado en el patio de la estación policial coinciden en afirmar que esta ha sido desafortunadamente para la Institución y la sociedad portejadeña un caso típico de posicionamiento sádico que se produce frente a alguien más débil.
Pero muy seguramente este no es un caso aislado pues a diario en todas partes del mundo se pueden repetir escenas grotescas como las ocurridas en este video que data del año 2009, miles de animales son maltratados diariamente por sus propios dueños; algunos de ellos son llevados hasta la extenuación, mutilación, parálisis, daños irreparables, al borde de la muerte o a la muerte misma. Esto lo hacen individuos que han elegido tener un animal en su casa.
Acoger un animal es hacerse cargo de él en todo momento y con todas sus consecuencias; si no vamos a poder asumir la responsabilidad, es mejor que renunciemos a él desde un principio. Por eso hay que pensarlo bien antes de acoger un animal en casa. Ellos hacen parte de la familia y merecen todo el respeto y afecto.
La violencia es violencia: una persona que abusa de los animales no tiene empatía hacia otros seres vivos y tiene el riesgo de generar violencia hacia las personas.
Las leyes que nos rigen y el sistema judicial que sufre una sobrecarga de trabajo no considera la crueldad animal como una prioridad frente a los crecientes casos de asesinato, violación, maltratos y otros crímenes violentos: el tratamiento eficaz de la crueldad hacia los animales por la policía, fiscales y jueces puede representar la diferencia entre controlar la violencia o dejar que siga creciendo.
Una sanción disciplinaria puede resultar ejemplarizante para estos “mataperros” pero no nos olvidemos que los animales no tienen voz, no pueden hacer demandas ni acusaciones judiciales, por maltrato ni abuso; por eso resulta tan fácil para algunos descargar tanta crueldad y vileza, a quien solo puede emitir un gruñido antes de morir sabiendo que su crimen permanecerá oculto en el anonimato y el descuido de la ley.
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