LOS MAESTROS: SEMBRADORES DE ESPERANZA
CARLOS E. CAÑAR SARRIA
Hoy 15 de mayo se celebra el DÍA DEL MAESTRO. En un país como el nuestro, donde todo aparenta oscuridad, resulta justo y oportuno enaltecer el trabajo serio y responsable de estos abnegados servidores públicos, que en todas las zonas de la vasta y compleja geografía nacional construyen con empeño el futuro y la esperanza. El esfuerzo diario de miles de hombres y mujeres que no obstante sus angustias, frustraciones y temores desempeñan con decoro el más noble de los oficios.
Contrasta mucho el compromiso de maestros y maestras con el trato de tercera que el Estado y la sociedad les ofrece. Estado, sociedad y medios de información sólo se acuerdan de ellos y de ellas para vilipendiar su meritoria labor. Sobre todo cuando se ven presionados a hacer paros al luchar entre otras cosas, por la no privatización de la educación, por un modelo económico justo e incluyente, porque se respete el derecho fundamental a la vida, y por qué no decirlo, por unas condiciones laborales que les permita superar sus salarios de miseria. Lucha que sin duda alguna contribuye a la democratización del país.
Hace varios años en este mismo periódico señalamos que: “… Resulta irónico tener que reconocer que por la acción de los maestros, surgen nuestros dirigentes y gobernantes, no obstante debido a la ingratitud e indiferencia de muchos de nuestros dirigentes y gobernantes, los maestros parecen seguir condenados a la desatención y al olvido…”.
Es cierto que pocos maestros, gracias a algunas pensiones merecidas, hayan logrado reivindicarse un poco económicamente; pero esta no es la misma situación de miles de maestras y maestros en nuestro país.
Que el día del maestro sirva entonces para reconocer la labor de miles de hombres y mujeres que como seres humanos viven los dramas y tragedias del país. Y que por ello se empeñan en preparar a la gente del futuro para bien de toda la comunidad. También es prudente reconocer que existen pocos maestros que al igual que otros oficios y profesiones, no trabajan con vocación y compromiso pero en nada desmerece que el Estado y la sociedad respalden a la gran mayoría de maestros y maestras que siembran la esperanza y se la juegan por la patria.
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