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domingo 22 mayo, 2011 a las 1:44 pm

Los “Arrancados” del Cauca

Luis Barrera
Pese a los grandes esfuerzos de los Gobiernos nacional y seccional por reducir los altos niveles de pobreza en todo el territorio caucano los “arrancados” siguen sin esperanza su propia tragedia.
Y es que en Cauca la pobreza sigue violando una amplia gama de derechos humanos que comienzan con el derecho a la integridad física, a vivir en dignidad, en convivencia y con seguridad ciudadana.
La prioridad del derecho a la supervivencia y a las necesidades básicas es una consecuencia natural del derecho a la seguridad personal. Es una dura prueba para el ser humano padecer hambre, no saber leer o estar sin trabajo. Pero también lo es saberse tenido por nulo, hasta el punto en que, incluso, sus preocupaciones cotidianas, sus reclamos y peticiones comunitarias, su dolor es ignorado. El desprecio del resto de sus coterráneos suele ser una pesada losa.
El Cauca del siglo XXI enfrenta retos importantes en el mediano y largo plazo. Los indicadores de pobreza muestran a una región con un claro rezago en comparación a otras regiones, un sector agropecuario con modestas tasas de crecimiento y un sector industrial y comercial, especialmente en el norte del Cauca que ha venido ganando participación y con agresivas exportaciones.
Sin embargo, el futuro del Cauca debe seguirle apostando a su diversidad pluricultural, su capital humano y su sector agropecuario. A pesar de las limitaciones y dificultades el Cauca es un territorio con una disponibilidad de recursos importante, lo cual se traduce en alternativas y oportunidades hacia el futuro. El reto importante del actual y próximo Gobierno Seccional es contribuir con voluntad política a cimentar una articulada institucionalidad de concertación intersectorial que reconozca la problemática actual, sus causas y logre aprovechar esa riqueza para sus habitantes.
Una de las razones por las cuales estamos sumidos en la cultura del subdesarrollo los caucanos, es la cultura del tigre y lo que algunos han llamado el “caucanibalismo”.
Todavía el pueblo en su conjunto, las diferentes comunidades no pueden definir auténticas y continuas políticas de Estado, las manifestaciones de la clase dirigente y los poderes locales son inocuas si no van acompañadas de verdaderos gestos personales de reconciliación consigo mismo y con la política.
Campesinos e indígenas violentados, exclusiones odiosas, desplazamientos forzados, celos y pugnas políticas parroquiales, la ley de los favores, todo hace parte de lo mismo.
La gente compra su voto por un día de comida, y quien los culpa, es un día más de vida. Escucho con resignación en esta época preelectoral -pero la mayoría de veces con alegría- la mayoría de la gente decir “tengo un político, tengo un candidato, un amigo en el poder y me va a hacer un favor”: falsas ilusiones de una cultura subdesarrollada.
El desarrollo económico en el Cauca debe consistir en aumentar las posibilidades de éxito para quienes desean escapar de la pobreza masiva y de su cultura tercermundista.
Los caucanos seguiremos, en su inmensa mayoría, “arrancados” si no empezamos a comprender que el desarrollo ha de ser entendido pues como calidad de vida, como ampliación de las oportunidades de los seres humanos sobre cómo vivir sus vidas; no se trata por tanto de una mera cuestión cuantitativa, sino cualitativa, de hallar un punto de equilibrio, donde los valores de lo material, la competitividad, la eficacia productiva, el individualismo o la vehemencia no son ni mucho menos los valores dominantes.
Siendo una región de paradojas y contradicciones lo que no se puede ocultar es que la pobreza es un fenómeno que se extiende por todo el Cauca. La pobreza con su “ejército de arrancados”, el subdesarrollo, la marginación, la exclusión social, las desigualdades económicas abismales, la rivalidad entre regiones, el racismo, etc. tienen consecuencias negativas que generan, a su vez, más pobreza.
El continuo empobrecimiento de las gentes en el Cauca es un encadenamiento a situaciones de limitaciones y padecimientos, es el sometimiento del ser humano al Poder y al mal. Es encontrarse en el círculo vicioso de la miseria, en el que todas las precariedades se refuerzan mutuamente. Transmitida de generación en generación termina configurando un círculo infernal.
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