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Jueves, 1 de octubre de 2026

Llover sobre mojado

Llover sobre mojado - Corrupción en Colombia
Llover sobre mojado - Corrupción en Colombia

Guido Germán Hurtado Vera

El Estado colombiano ha transitado sobre el camino de la cleptocracia, la corrupción y el clientelismo. Literalmente, hemos sido gobernados por cacos.

Los recursos públicos han sido desviados por los atajos de los sobrecostos y han ido a parar a los bolsillos de gobernantes, políticos, contratistas y personas inescrupulosas, enriquecidos cada día sin medida.

El robo y el saqueo conviven con las “mañas” de los tecnócratas. Los servicios administrativos son presa de los engranajes del intercambio de favores. Los cargos públicos son provistos por el clientelismo y el tráfico de influencias.

Los casos de corrupción se reproducen como una plaga. Paradójicamente, hay más investigaciones sobre ollas podridas que responsables de estos delitos. A la gran mayoría de los implicados se le vencen los términos legales, y los pocos que negocian con la justicia, son condenados a pagar multas burlescas y confinados en guarniciones militares o en casa por cárcel para purgar sus ridículas penas. Así que, se robustece el imaginario social, robar si vale la pena.

La lista es larga. Solo para citar algunos casos: Proceso 8000, Chambacú, Dragacol, Invercolsa, Cajanal, Agro Ingreso Seguro, Carrusel de contratación en Bogotá, Reficar, Odebrecht, Centros Poblados. Marionetas y, el más reciente, la UNGRD.

Lo anterior es un panorama desolador. Me invade el existencialismo y me pregunto ¿ese asunto no lo resuelve ni el putas? ¿es mejor dejar allí y hacernos los de la vista gorda? ¿es el adiós a mi ética política? ¿mejor me dedico a mi familia, al disfrute de la vida, a seguir leyendo, escribiendo, tomando café y trotando? ¿Que sigan robando pero ojalá poquito?

En este mar de dudas y camino solitario intento pensar. Entonces recuerdo las lecturas de los existencialistas (Dostoyevski, Kierkegaard, Camus, Nietzsche, Sartre, Simone de Beauvoir, Kafka, Rilke, Mann, Cioran, Unamuno, Onetti y Sábato), que me introdujeron en el estudio de la condición humana, la libertad, la responsabilidad individual, las emociones y el significado de la vida.

Me respondo: -Ni un paso atrás, seguiré escribiendo. Escribir me solaza, así mis columnas de opinión no las lea nadie ni sirvan para cambiar el mundo. Solo soy un mortal, no Supermán.

Más que una propuesta opino que urge un cambio eficaz en la estructura del Estado colombiano y en el imaginario de los ciudadanos para enaltecer lo público, los bienes y la transparencia. ¿Cómo hacerlo? Con el discurso de la verdad y la práctica.

El discurso de la verdad como la práctica deberán constituirse en la narrativa con la cual futuros aspirantes a los cargos públicos se presentarán ante sus electores. Es decir, no más promesas irrealizables. No más tretas. No más candidatos que desconozcan la función pública ni el atributo del Estado Social de Derecho.

Y si la soberanía reside en el pueblo, éste tiene el derecho a elegir sus gobernantes. La participación ciudadana no es algo abstracto; toma formas visibles y para ello los ciudadanos deben informarse sobre lo público y la política si pretenden mejorar sus vidas.

Así de simple, la perspectiva de la transformación del modelo es un cambio en las instituciones del Estado que extermine su versión cleptocrática, la del robo como forma de poder y una sociedad civil despierta, crítica y conocedora de sus derechos y deberes.

Y después de toda esta reflexión, me pongo a cantar:

Hago un café me levanto y reposo, remojo mi cabeza en agua fría y en el espejo veo al viejo loco que cada día piensa que es su día, que es su día. Vaya forma de saber que aún quiere llover sobre mojado. (Silvio Rodríguez).

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