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LICENCIAS (3)

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Imagen: https://www.freepik.es/pikaso
Phánor Terán Cabrera
Phánor Terán Cabrera

No está por demás una revisión de la tan citada Ley de la Cultura. Leyes no nos sobran. Y el papel puede con todo. Más, cuando las leyes como en el caso de Israel ni se obedecen ni se cumplen. Superando con creces la vieja costumbre de nuestra Locombia, donde las leyes se han obedecido (sí, señor, como no) pero no se han cumplido.

Revisión insulsa porque los asuntos fundamentales de los cuales tampoco se ocupó la constitución del 91 siguen chilinguiando, impidiendo la resolución del centralismo que nos agobia por todos los lados e impidiendo, por otra parte, el secuestro predominante de los feudos políticos apertrechados en las regiones y en las municipalidades.

Si eso dicen los entendidos en la política social y económica que diremos nosotros los que ocupamos, como ya lo manifesté el último lugar en la escala de la mira y entendimiento de los políticos: la magra cultura.

Un botón de muestra: Hace poco el presidente se preguntaba ¿qué había pasado con algunos billones que se habían destinado para fortalecer la educación artística municipal? Se envolataron en las alcaldías.

Esa plata se envolató. Como quien dice se obedece, pero se cumple en bolsillos non santos.

Hace algún tiempo destinaron recursos para que en las poblaciones se apoyara a residencias populares que pudieran obtener ingresos del turismo, adecuando algún albergue en sus casas. No sé en otras partes, pero en la alcaldía que tengo cerca, los recursos se distribuyeron entre algunos de los copartidarios del burgomaestre y se refrendaron en el informe como: Misión cumplida.

Con las bibliotecas oficiales, públicas pasa otro tanto. Pueden permanecer cerradas durante varios meses, con equipos tecnológicos sin mantenimiento mientras la famosa Estampilla para la cultura coge rumbo desconocido, como suelen correr también los impuestos que a los pobres les cobran por un puesto en la calle en los días de mercado.

Ni para papel higiénico.


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