¿Leer o no leer?


¿Leer o no leer?

Creo que fue en el certamen de Miss Colombia del año pasado, o creo que fue hace ya dos años. No importa, no debe importar. Confieso que me encanta ver a las reinas, sí ya sé que hay cosas más importantes, que mañana el mundo se va a acabar, que vale es lo serio, que importa más la erudición, que da más rating hablar de política y que importan los discursos progresistas más que el house progresista (digo, progresivo). Sé que así son las cosas pero qué le vamos a hacer. Les contaba que estaba viendo una entrevista a las candidatas y a todas les preguntaban, entre varias cosas, qué libro estaban leyendo.
Una candidata, muy bella e interesante per se, dijo que se estaba leyendo Crimen y Castigo, la obra deliciosa de Dostoievski. Lo dijo, como dicen en la literatura, con afectación. Sonó falso, puesto que no lo expresó con naturalidad ni con pasión. Y para acá va mi pregunta: ¿Debe responder que está leyendo algo? Puede ser que sí, que lo esté leyendo o puede ser que se lo hayan asesorado, no lo sé. Todas y cada una respondieron un libro clásico de literatura universal, lo cual de plano me hace dudar: en un grupo de gente es imposible, estadísticamente hablando, que todos estén leyendo algo. Casi nunca nadie lee nada, eso ya está comprobado.
Yo como tal amo leer, subrayar y escribir; puntualmente casi desfallezco con Crimen y Castigo: esta es una narración en la que en últimas no ocurre nada, solo un asesinato, la paranoia y al final todo desemboca en arrepentimiento. Una historia sencilla contada en 600 hojas de manera majestuosa. Un show about nothing como diría Seinfeld. Amo los libros pero no todos los tienen que amar. Amo la literatura pero no a todo el mundo le debe gustar. Amo escribir pero no a todo el mundo debe gustarle.
Me encantaría que una candidata hubiera respondido algo como: “mira, en este momento no estoy leyendo nada, solo leo la Maxim, la verdad me da jartera leer libros pero sí veo series interesantes en Netflix”. Nadie es más o menos interesante por leer o no leer. Repito y repetiré siempre: amo leer, pero pues hay mil tópicos para calificar a alguien. Si vamos a hablar de cultura, importa también el buen gusto, la elegancia, el gusto por las buenas películas o sus gustos musicales. Es más, seré más progresista y me aventuraré a decir que a veces la erudición puede ser aniquilada por unos zapatos feos o por un botón de la camisa mal localizado. Se necesita es el paquete completo.
Conozco gente absolutamente interesante que no suele leer libros y también conozco gente que ha leído media estantería de la Biblioteca Nacional y puede tornarse la más aburridora del universo universal, un aburrimiento de dos piernas. Eso de que alguien es más interesante porque lee pues déjenme decirles que no sé, que ese postulado no me lo trago del todo. Lo interesante de alguien radica en el brillo de sus ojos, en su energía.
Nadie es más o menos interesante por leer o por no leer. Así como hay varias inteligencias pues también hay varios niveles de cultura. Pueden leer esto o no leerlo; en últimas ustedes siguen siendo interesantes para mí, lectores. Lectores, lectoras, reyes y reinas.



