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Viernes, 9 de octubre de 2026

LAS VIOLENCIAS QUE NO ACABARÁN LOS ACUERDOS

Gobierno Nacional - Farc - La Habana, Cuba - proceso de paz

Nelson Paz Anaya - Foto - Proclama del Cauca1

Nelson Paz Anaya.

Frustrante para los colombianos, si al final los acuerdos de La Habana, se limitan a pactar las garantías para los dirigentes guerrilleros, sus tropas y milicianos, peor aún si se cuelan otras cosas, alrededor de cuyos temas al parecer han girado los últimos debates, dejando de lado la discusión sobre aspectos necesarios para la consolidación de mejores niveles de convivencia social.

El ejercicio democrático, intenta una temática que permita impulsar el debate ideológico, la concepción del estado, cuáles serán los propósitos del gobierno, bajo el entendido de que se partió del supuesto de no cambiar el sistema de producción capitalista y de libre empresa, pero se razonó se pactarían procedimientos para mitigar las causas de la guerra y de ajustar el modelo y el formato del estado.

Al fin de cuentas, no otra cosa es la actuación política bien concebida, la búsqueda de la justicia, la equidad, la convivencia, la dignidad, y sobre estos supuestos la discusión para el acuerdo de voluntades, que tanta aplicación ha concentrado, incluso tapando otros asuntos que han debido ser de atención prioritaria como los millonarios robos en REFICAR, ahora catalogados como “simples sobrecostos”.

¿Y no se supone estas empresas las dirigen los más calificados ejecutivos del país? pagados con sueldos y prerrogativas a las que ¿los profesionales de la clase media no tienen acceso? Ahora, será también que el proceso de los acuerdos, ¿distrae la atención de estos desfalcos al pueblo colombiano?

Pese a la fatiga por los tiempos y al afán por clausurar la violencia de los fusiles; ¿será que las mil violencias que atropellan al ciudadano cotidianamente, tan letal como la otra, ocuparan en algo la atención de los delegados en la mesa de los acuerdos? A manera de listado se anotan algunas: la salud, ¿será posible después de la expectativa de los colombianos por los acuerdos, continúe como esta?- solo este aspecto merece un buen tiempo de meditación.

Sin embargo, hay otros atropellos tomados al azar y sin detenernos en la educación, la sanidad, la tenencia de la tierra y su productividad, el trabajo, se pasa a abusos que por su repetición pierden el carácter de tales, creando actitudes de sumisión por parte de algunos sectores sociales estratificados que no pueden por vergüenza protestar o por carencia de capital social.

Que tal, la violencia de las esperas, “aquí hay que hacer cola para hacer la cola”, la de los bancos, la de los servicios públicos, la de los supermercados, la de los parqueaderos, la de las dependencias públicas, la de las oficinas de atención al cliente, de llorar la de los peregrinos inermes de las entidades de salud, finalmente en “cola” para al final a “Los Jardines de Paz”.

Se agrega una perla, las citas médicas o de información por los denominados – call center- después de gastarse los minutos del celular, de oír las declaraciones de las maravillas de la empresa solicitada, con música de fondo, y de la ubicación de diez servicios, el anuncio consabido del “espere en la línea cuando se desocupe un operador lo atenderá”.

Como pueden los colombianos ser emprendedores, si todos los días se topan con un estado en el cual el trabajo digno, ¿no compensa? ¿Cómo superar las barreras creadas por la corrupción, en un sistema en donde la impunidad para algunos es la constante, mientras se repite el viejo adagio de que la justicia solo es para los de ruana, refiriéndose a los campesinos? y en ¿dónde se mueren los niños porque los avivatos se roban su desayuno?

Los contratos de adhesión del código civil, son aquellos creados para que el ciudadano no tenga derecho a nada, si lo quiere comprobar viaje a Bogotá, compre un tiquete de Avianca y tendrá usted toda una práctica jurídica, la empresa le dispone: el asiento, el horario, el tinto, si viaja o no a la hora señalada, el peso de su maletín, además el precio, sin que nadie sepa porque no corresponde a parámetros elementales, como por ejemplo las distancias.

Estas violencias, que para los que no las sufren pueden parecer triviales, aumentan la intolerancia, la frustración, la ocasión de la criminalidad como única salida, a tal extremo que aun con el deseo de paz que a todos acompaña, el gobierno cada día pierde más opinión y seguramente en cualquier ejercicio electoral adelantado para estos procesos no tenga aceptación.

El desafío, para la acción política está en señalar los atropellos diarios a que se somete al pueblo colombiano, que afortunadamente hace conciencia así sea paulatinamente de que sus intereses no cuentan porque los partidos no dicen nada y al parecer los acuerdos de La Habana tampoco.

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