LAS HISTERIAS DE GAVIRIA



Gustavo Álvarez Gardeazábal.
Sigo albergando la esperanza que Alejandro Gaviria termine convertido en el mejor ministro de Salud de muchas décadas. Su criterio pragmático le ha llevado a no caer bajo la guillotina de las mafias de las EPS, a resistir la justa protesta de los médicos y a aguantarse los baldados de agua hedionda de hospitales y clínicas, siempre a punto de quebrarse.
Pero pese a esa frialdad rentable que posee, Gaviria no ha podido conseguir que se desbarate la escalera de la mentira del sistema de salud colombiano, donde los médicos tienen que mentirle a las clínicas y hospitales, estos a las EPS y ellas a su vez al Fosyga para poder rescatar, exagerando cifras, el justo pago a que tienen derecho por prestar el servicio.
Su pragmatismo lo ha llevado, lamentablemente, a no poder convencer al usuario, el paganini final de toda la escalera de la mentira, de que lo está haciendo bien. Sus equivocaciones en el manejo de su propia imagen, y en la del Ministerio, lo han llevado a aparecer como el verdugo cruel de la realidad y por ende, a ser asemejado a su patrón el presidente Santos en el manejo de la mentira decretada, la misma que se come el sistema de salud.

Su afirmación de que las niñas de Carmen de Bolívar sufrieron de una histeria colectiva, cuando las vacunaron contra el papiloma, quedó totalmente desbaratada al leer el excelente reportaje que Yolanda Gómez hizo en El Tiempo del domingo sobre el desprecio omnipotente de la Casa de Nariño y su ministro de Salud.
La fotografía de Andri Hurtado, la niña que quedó en silla de ruedas luego de ser vacunada, resume la protesta muda de un pueblo como Carmen de Bolívar, que sabe que sus hijas fueron víctimas de una perversa vacuna que se decretó y sostuvo por Santos y su ministro de Salud como droga perfecta, así fuera otra solemne mentira del régimen.
PUBLICADO EN ADN / MAYO 31 2016.
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