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Las “damas de la caridad”

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Cuentan que alguna vez las opulentas damas caritativas (rosadas, grises o negras) fueron a consultarle al oráculo cuando acabaría la pobreza. La sabia respuesta no se hizo esperar: “¡cuando se acaben Uds.!” Uno de los más graves males que padece el deporte federado y de alta competición es el enquistamiento de una decadente y rancia dirigencia que se resiste a las indispensables transformaciones para el desarrollo. Pero como en todo, también hay valiosas excepciones que comentaremos posteriormente.

El fútbol colombiano es muy rico en atletas altamente competitivos con jugadores que se destacan cada semana en el exterior en ligas de primera. Pero ello no es directamente proporcional a la estructura del juego profesional local y mucho menos a su selección. Es evidente que ante semejante materia prima con talentos casi silvestres, el conflicto se derive más de un déficit de liderazgo gerencial deportivo. En Colombia la mayoría de clubes profesionales de fútbol tienen problemas serios para mantenerse activos, para pagarles bien a sus jugadores y mucho más para ofrecer buenos resultados.

Einstein lo dijo alguna vez: “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”. Las raíces de esa violencia e intolerancia semanal con cuchillos amenazantes de los hinchas, puede tener origen en el proceder de personajes con intereses particulares, modales antipopulares, actitud (y aspecto) antideportiva, que además inspiran desconfianza y dan rienda suelta a la manipulación. ¿Adolecen de imaginación? No hay un liderazgo ejemplar que incite a comportamientos constructivos.

Es indudable que existe una gran responsabilidad en esa llamada “clase dirigente”, que a la mayoría de personas causan irritación e indignación. Ello ha llevado a cultivar aficionados con poco criterio deportivo y baja autoestima, que ante malos resultados solo piden la cabeza del técnico. Y posiblemente sea el menos culpable, pero su remoción es imperiosa para satisfacer morbosamente a periodistas y aficionados.

Los dirigentes siempre han querido perpetuarse sin medir el estancamiento para impedir, con sus ambiciones, un desarrollo moderno del deporte que por el talento colombiano bien se lo merece. Ha hecho escuela una pequeña y falsa aristocracia que se cree intocable a pesar de los pobres resultados en la evolución y crecimiento deportivo, hoy con unos indicadores de bajo desarrollo. Australia, una región nueva en el fútbol, tiene más progreso en este deporte que Colombia gracias a una organización y dirigencia saludable. con una extraordinaria acción e intervención del estado.

La pobreza en el fútbol colombiano acabará cuando desaparezcan estas damas de la caridad, personajes que en contravía de los principios universales del deporte quieren imponer su poder. Una comedia donde ganan los bufones festejados por “cargaladrillos”. ¿Será que debemos aceptar que por ahora es casi imposible que el fútbol tenga el desarrollo legítimo en el ámbito de un país democrático y moderno?

*Doctorado en ciencias del deporte U. de Córdoba – España, felow en fútbol (UFRGS – Brasil)

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