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LAS CURULES NEGRAS

LAS CURULES NEGRAS
LAS CURULES NEGRAS
Por Néstor Raúl Charrupí Jiménez

Viendo que tantas personas se han inscrito para ocupar las dos curules que por ley tienen derecho los afrocolombianos, me pregunto: ¿será que en dichas curules se tiene más poder que en las curules normales? O ¿será que es más fácil salir representante a la Cámara que en una de las curules normales?

Ni una cosa ni la otra, el poder legislativo de las curules afro, inclusive, es menor que el poder de las otras curules, porque los demás representantes actúan en bancadas o partidos, numéricamente más importantes que uno, o, dos a lo sumo, que pueden llegar las curules afro.

Es mucho más difícil incluso salir representante por una de estas curules afro que por una de la circunscripción normal; véase no más los ingentes recursos económicos que invirtieron Jahir Acuña y Juan Carlos Martínez, para pretender apoderarse de estas curules, mientras que sacaban con facilidad no solo representantes sino senadores en Córdoba y Valle del Cauca.

No me gusta el estilo político de estos señores, esa feria del “billete”, siendo nosotros pobres es absolutamente nefasta y nos hace olvidar momentáneamente nuestro norte.

Sin embargo, ellos “aprendieron hacer política” de personajes que aun manejan la política colombiana y que siguen campantes como el whisky Jonnie Walker.

Los negros no podemos abrevar en esas ilusorias fuentes que terminan siendo contaminadas, como en efecto lo fueron hasta para ellos mismos.

El poder de las curules afro radica en que necesariamente deben ser tenidas en cuenta como partido político y por tanto merecedor de las gabelas que reciben los otros representantes, llámese como se quiera: auxilios parlamentarios, mermelada, propuestas cofinanciadas para desarrollar proyectos en sus regiones etc.

Como estas curules reciben votos de aquí, de allá y de acullá, es muy difícil focalizar específicamente la región y estas ayudas pueden darlas los parlamentarios donde les venga en gana. Por eso han aparecido blancos, pretendiendo ser negros, para echarle mano al partido que se genera sacando, al menos una de las dos curules.

Todos los parlamentarios negros que han estado han tratado de hacer su mejor esfuerzo, pero esta palabra no vale en Colombia, si tales esfuerzos no van acompañados de un partido fuerte que los respalde.

Sé del esfuerzo que hizo María Isabel Urrutia, Zulia Mena, el mismo Heriberto a quien pretenden caerle ahora, pero a quien le tocó luchar no solo por su curul, sino por el estigma social que tenía uno de sus mentores: Juan Carlos Martínez.

Ahora que se van elegir dos nuevos representantes por las negritudes, debemos de entender que para que funcione habrán de representar sin vicios a ese negro de la selva profunda, como es el espíritu de la ley 70.

Con todo, las curules afro como todo el andamiaje político de este país, tendrán que pasar por uno de los acuerdos de La Habana, como lo es la reforma política, si es que pretendemos vivir en paz y en un país más igualitario e incluyente, que nos garantice una paz estable y duradera.

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