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Sábado, 17 de octubre de 2026

Las ciudades más caminables, hacen gente más feliz e inteligente

FABIO ARÉVALO ROSERO MD* [email protected] Las cosas bien pensadas, bien acertadas y las ciudades bien soñadas, bien planificadas. Por más...

Fabio Arevalo - Blu RadioFABIO ARÉVALO ROSERO MD*
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Las cosas bien pensadas, bien acertadas y las ciudades bien soñadas, bien planificadas. Por más licencias que uno quiera conceder a la fantasía, pocas especulaciones resultan tan inverosímiles como el ejercicio de intentar imaginarse cuál hubiera sido el desarrollo de las metrópolis de no haberse inventado el carro. La preeminencia de la cultura de las 4 ruedas es, de hecho, tan colosal en las urbes, que el uso y el abuso del carro, además de condicionar el estilo de vida y el urbanismo, ha terminado por modelar la propia idiosincrasia local.

En ello no hay duda. Raymond Loewy, un midas que en la década de los 50 demostró tener un llamativo don para convertir en productos de consumo masivo los artículos que ideaba en su estudio de diseño, sintetizaba el concepto particularmente estadounidense de felicidad refiriéndose a dos acciones. Según el perspicaz Loewy, a los nativos les encantaba hacer contemporáneamente: fumar y conducir.

Hoy, el nuevo catecismo de lo sano ha variado ligeramente aquella receta eudemónica para alcanzar una vida satisfecha, de forma que el cigarrillo ha sido sustituido por el teléfono celular (al cual se echa mano mientras se conduce, tal como antes se acariciaba la cajetilla de Malboro). Lo que no ha cambiado es la pasión por el volante en un país que cuenta con un parque móvil cercano a los 150 millones de vehículos particulares y que genera ¡un trillón de dólares! con la venta de bienes y servicios asociados al negocio de la velocidad.

Si antes los trayectos por autopista se cubrían entre cigarro y cigarro, las dos horas diarias que de promedio pasa un estadounidense en su auto se aprovechan ahora para conectar la fibra al celular. Habida cuenta de lo anterior, el expansionismo norteamericano ha tratado de exportar modelos urbanos que solo pueden concebirse como una auténtica aberración para países en desarrollo. O cuando menos, como una excentricidad.

Desafiando el poder de la industria automotriz, distintas organizaciones están consagradas a la defensa de los derechos de los peatones. Con su militancia, pretenden convencer a las administraciones municipales para que sigan el ejemplo de las capitales amigables con el viandante como Cambridge, en el estado de Massachusetts, que logró certificación como la ciudad más caminable de Estados Unidos. Una verdadera excepción.

El singular título le fue concedido a un centro del pensamiento, la localidad sede de Harvard y del prestigioso Massachusetts Institute of Technology, tras un estudio comparativo que situó a Oklahoma como el vergonzoso farolillo rojo. Esto finalmente logra corroborar que, así el auto sea imperioso, las ciudades más inteligentes en su planificación y concepción política son las urbes más caminables.

* Experto en movilidad y desarrollo, World Streets

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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