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Viernes, 9 de octubre de 2026

Las canciones sin mensaje, solo vulgaridad

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Las canciones sin mensaje, solo vulgaridad
Las canciones sin mensaje, solo vulgaridad
Foto: Trio los Panchos – Sabor a Mí

Las canciones sin mensaje, solo vulgaridad

Jesús Alberto Aguilar Guerrero

Recordar es vivir, cuando volvemos a nuestro pasado, cuando se escuchaban las mejores melodías, poemas y letras de las canciones con un mensaje amoroso, de cariño, de esperanza, añoranza, muchas veces de jocosidad, todo esto dentro de una cultura y moral que se había establecido desde nuestros centros educativos y la crianza desde el seno de los hogares; las serenatas, las peñas artísticas, las presentaciones en los estrados de los radioteatros que impulsaban las aficiones por el canto, fueron los principales impulsores de esos lindos mensajes que llegaban al alma y al enamoramiento, por intermedio del bolero, la balada, entre otros, que eran interpretados por los solistas, tríos, y grandes agrupaciones musicales; hoy en día con los nuevos géneros de música se encuentran enfocados en la vulgaridad, incitando al sexo y la violencia, sin que ningún ente oficial y mucho menos privado censure estas actuaciones.

Me dio gusto conocer las opiniones de Johanna Gómez, quien, por intermedio de su LinkedIn, opina “cuando a lo malo lo llamamos vulgaridad no es carácter”, pues dentro de este copilado podemos preguntarnos ¿Dónde quedo la linea entre autenticidad y vulgaridad? Antes, palabras vulgares o actitudes groseras eran vistas como algo negativo; hoy algunos artistas las presentan como una especie de “libertad de expresión” o “autenticidad” necesaria, pero, ¿acaso ser vulgar demuestra carácter? ¿O simplemente estamos confundiendo la falta de respeto con una actitud “valiente”? <Si seguimos permitiendo que las letras de estas canciones reduzcan a las mujeres a menos objetos o celebren actitudes agresivas, estamos normalizando un tipo de maltrato disfrazado de entretenimiento>.

Ya es tiempo de Normalizar la degradación: un maltrato disfrazado de moda; todo porque nos hemos acostumbrado a escuchar canciones que degradan a las personas y a veces algunos seguidores las repiten sin pensar; pero es importante reflexionar: ¿Qué mensaje estamos enviando a los oyentes, sino a las nuevas generaciones? ¿cómo podemos esperar un cambio en el respeto hacia las mujeres y niños si las canciones más escuchadas del momento siguen tratándolos como objetos? <No se trata solo de entretener; se trata de una responsabilidad que tenemos como sociedad>. Un ejemplo de actualidad es la colaboración de varios artistas en “+57” una canción que, en lugar de celebrar cultura, deja evidencia, esa peligrosa normalización de la vulgaridad explotación sexual a menores de edad; no puedo evitar preguntar: ¿Cómo alguien que acabó de ser padre de una niña participa en una producción que perpetua esta falta de respeto?

En donde está el control, la responsabilidad de los artistas y la industria; porque ser un artista, influencers o figura pública es algo poderoso, porque miles de fanáticos escuchan lo que dicen, por eso es que debemos preguntarnos: que queremos trasmitir con esos contenidos, música y además reflexionar si estamos construyendo o destruyendo con lo que publicamos en diferentes redes sociales; sin olvidar que un verdadero líder inspira respeto y admiración sin necesidad de ser vulgar por dárselas de excéntrico. Una verdadera estrella o figura pública, aquella que es digan de admirar promueve el respeto y la dignidad, no solo para mejorar nuestra música, sino también nuestras relaciones humanas. Con todo lo anterior es hora de reflexionar, porque la cultura popular, donde está incluida la música, tiene el poder de construir o destruir valores; no se trata de censura, sino de responsabilidad; lo importante es mantenernos firmes en los valores que nos representan y exigir ese mismo respeto en la música que escuchamos. Hasta aquí esta franja de opinión, porque una canción es un mensaje.

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Jesús Alberto Aguilar Guerrero

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