¿Qué viene ahora?


Al contrario de lo que muchos podrían creer el independentismo catalán es un movimiento nacionalista, de derecha, no progresista, ni legítimamente revolucionario. Tiene una enorme dosis de oportunismo y politiquería de dirigentes y promotores como los conservadores Artur Mas y Carles Puigdemont (expresidentes de la Generalitat) además del tristemente célebre Jordi Pujol (en prisión y caído en desgracia por hechos de corrupción). Pero más que eso son una especie de pequeña reedición de lo que Hitler quiso imponer de forma excluyente y racista: creerse que son de una raza superior.
Para ellos los latinoamericanos somos los “sudacas” y a diferencia de madrileños o andaluces, su engreimiento y rechazo del típico catalán frente a emigrantes como africanos o suramericanos es muy evidente. No lo disimulan y no lo soportan. Pero, cuidado que no son la mayoría, hablamos de los nacionalistas, que son radicales en casi todo.
Los catalanes nacionalistas creen que Europa empieza en Barcelona, consideran que el resto de España es una población de segunda categoría y miran a los demás con displicencia. Qué diremos entonces de su xenofobia y su racismo frente a tanto forastero que llega o emigra de otros lares menos afortunados que la propia España. El gran pecado de los nacionalistas es considerarse distintos al resto de la península ibérica (incluido Portugal) con cierto (falso) aire de superioridad. El mismo lenguaje catalán se ha convertido en un modelo de exclusión y adoctrinamiento a su población para fomentar un nacionalismo pasional.
El independentismo catalán ha conseguido, lo que raros fenómenos lograrían: unir en España a la izquierda con la derecha, salvo los radicales, para enfrentar la secesión catalanista. El proceso de secesión ha sido evidentemente manipulado, porque como lo ha dicho la alcaldesa de Barcelona Ada Colau: “La independencia no cuenta con el apoyo mayoritario de los catalanes”, pero iba más allá “el independentismo es un tren kamikaze”. Y ella misma es muy crítica con Rajoy y el gobierno de Madrid; es por lo tanto una de las voces más objetivas y creíbles.
Y ahora que el parlamento catalán declaró de forma retadora la independencia, Rajoy apeló al artículo 155 de la constitución. Pretende así mantener la unidad española incluyendo a la región de Cataluña, tomando las duras medidas correspondientes. Ante ello la actual dirigencia catalana en cabeza de Carles Puigdemont hace caso omiso de las determinaciones centrales y serán los tribunales quienes tomen las decisiones finales.
Las decisivas próximas semanas son duras, pero previsibles.
Pero lo que viene es duro, una importante resistencia civil de los independentistas y la imposición forzosa del artículo 155. Dentro del mismo paquete están las elecciones fijadas para el 21 de diciembre. Si estas últimas se convocan como es debido provocando una amplia participación democrática, el independentismo estará acorralado. Según una reciente encuesta, la mayoría de los catalanes apoya convocar elecciones. El último informe de Metroscopia refleja que sólo un 19% de los residentes en Cataluña se considera catalán exclusivamente. Solo el 29% quiere la independencia y el 65% quiere seguir haciendo parte de España, la mayoría con nuevas garantías para Cataluña.
El 52% de los catalanes está a favor de disolver el Parlament para celebrar elecciones autonómicas frente a un 43% que lo rechaza, según el mismo sondeo de Metroscopia. Esta medida seduce incluso a uno de cada tres votantes del partido del expresidente derechista Carles Puigdemont. La realización de unas elecciones con amplias garantías para todas las partes, hará que las aguas retomen su cauce. Pero con la debacle económica que se le avecina al nacionalismo (más de 1700 empresas e industrias ya se han ido de Cataluña), el miedo al ostracismo hará que la mayoría voten en favor de continuar siendo españoles. Ver encuesta aquí: https://politica.elpais.com/politica/2017/10/28/actualidad/1509189971_913953.html
Las semanas de noviembre que llegan son muy difíciles. Pero la suerte ya está echada. Quedarían las manifestaciones en las calles de ambas partes (el domingo 29 salieron a las calles de Barcelona más de un millón de personas en favor de la unidad y contra el independentismo), un paro catalán que los afectaría a ellos mismos, el capricho de los dirigentes radicales obrando más con emoción que con razón. Y finalmente la acción de la policía catalana (los Mossos d´Esquadra), cuyo papel parece se ha moderado acatando la constitución española (ya retiraron los escoltas y fotos oficiales de los dirigentes destituidos). Esta será la gran estocada para Carles Puigdemont y sus compinches. En realidad ya todo solo sería cuestión de tiempo, de unas semanas
La devaluación del Barcelona

Uno de los más poderosos clubes de fútbol del mundo el Barcelona FC, a juicio de expertos sufrirá el peor de los traspiés. De persistir la independencia catalana, su panorama sería muy oscuro, el Barcelona estaría condenado al ostracismo. Primero estaría automáticamente excluido de la liga española, convirtiéndose en una especie de paria. La UEFA seguiría el mismo camino respetando a la Unión Europea que apoya a España. Como lo ha expresado el dirigente futbolero Wagner Ribero: “Cataluña se convertirá en Luxemburgo tras la separación y el FC Barcelona morirá”.
La cotización de uno de los más poderosos emporios del fútbol del mundo, se vería afectada en todos los frentes. Obviamente para ninguna figura sería atractivo hacer parte de una escuadra sin competencia y caída en desgracia. Igualmente sus arcas podrían diluirse dramáticamente con riesgo de bancarrota. Aunque seguramente años más tarde tendría alguna solución como hacer parte excepcional de la liga francesa (lo cual es muy dudoso por la solidaridad de París con Madrid) o poseer su propia liga (que le llevaría mucho tiempo habilitarla y ser reconocida). Pero ya no sería lo mismo, además deberá atravesar por un largo camino tortuoso de años, que inevitablemente lo iría depreciando, incluyendo su imagen.
Este magnífico artículo del literato del fútbol Jorge Barraza lo explica muy bien:
Son momentos difíciles para el club, con un enorme dilema. Por principios debe apoyar la secesión de España, pero como empresa sería uno de los máximos damnificados. Su futuro en la independencia estaría totalmente en entredicho, ya que la solidaridad europea lo marginaría totalmente. Sería su aniquilación. Y esto pesa mucho en el momento de tomar una decisión en próximas manifestaciones y elecciones. Paradójicamente sería el mismo Barcelona F.C. el que devolvería a Cataluña a España. Las cosas del fútbol.
Apostilla: Ante esta situación, el catalán más querido y admirado en el mundo, aquel que representó y le cantó tantas veces a la revolución latinoamericana con gobiernos progresistas, a estas alturas no ha dicho nada. Se trata de Joan Manuel Serrat, dueño de la segunda mejor canción en español de todos los tiempos: Mediterráneo. Por algo guarda silencio, sus principios no van con Pujol, Mass o Puigdemont.
https://www.youtube.com/watch?v=_w2WOHs9wG4