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Viernes, 2 de octubre de 2026

La Vejez.

La Vejez

Imagen por: https://chatgpt.com/

Stella Ramírez G.
La vejez puede entenderse biológicamente como el declive gradual de las capacidades físicas, y psicológicamente como una etapa de autodescubrimiento y resolución de las crisis vitales acumuladas con los años.
“Los años no vienen solos”, dice un viejo refrán popular.
Y es cierto. Con el paso del tiempo llegan también los achaques, las enfermedades y las limitaciones que transforman la vida de muchos adultos mayores.
La vejez ha sido y sigue siendo motivo de profundas reflexiones.
No se puede ignorar que el paso de los años muchas veces resta calidad de vida. Las enfermedades aparecen silenciosamente, las columnas que sostienen el cuerpo empiezan a debilitarse y entonces aparece el bastón como compañero de camino; las ventanas de los ojos ya lucen opacas y llegan los lentes; la memoria comienza a fallar, las fuerzas desaparecen y hasta las tareas más simples terminan convirtiéndose en grandes esfuerzos.
Muchos adultos mayores, aunque quieran seguir al mismo ritmo de antes, simplemente ya no podemos.
“Ya dimos todo lo que teníamos”, dicen algunos con resignación.
“Es hora de reposar”, expresan otros mientras observan cómo el cuerpo les recuerda que la vida también tiene un tiempo para descansar.
Por eso me parece una miserableza que José Manuel Restrepo, candidato a la vicepresidencia de la República por la extrema derecha, proponga que los adultos mayores sigan trabajando bajo un modelo de contratación.
¿De verdad esa es la solución que le ofrecen a quienes ya entregaron toda una vida de esfuerzo?
Resulta fácil hablar de trabajar más años desde la comodidad de un escritorio, con privilegios, salarios elevados y estabilidad garantizada.
Pero otra realidad vive el obrero que cargó bultos durante décadas, la mujer que pasó su vida limpiando casas ajenas, el campesino envejecido bajo el sol, el conductor agotado por jornadas interminables o el trabajador informal que sobrevivió sin descanso.
Qué miserableza la de este individuo, que propone que los viejos trabajen más.
Por algo nos llaman personas de la tercera edad: porque esa etapa debería significar una vida más reposada, sin el afán de un horario, sin la angustia diaria de producir para sobrevivir.
La vejez no debería convertirse en una condena laboral eterna.
Y valdría la pena preguntarle a la lumbrera que propone semejante idea: ¿de dónde van a sacar más de tres millones de empleos para tres millones de adultos mayores en condición de vulnerabilidad?
Porque ni siquiera los jóvenes encuentran oportunidades laborales dignas en este país, pero ahora pretenden vender como progreso que los ancianos tengan que seguir trabajando para poder subsistir.
Una sociedad verdaderamente humana no se mide por la riqueza de sus poderosos, sino por la manera en que trata a sus viejos, a quienes ya dieron sus fuerzas, su juventud y su vida entera construyendo el país que otros disfrutan.


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