Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Sábado:
Popayán No aplica
Cali No aplica
Sábado, 3 de octubre de 2026

La vacaloca cultural

Phanor Teran

Phanor Theran
Por Phánor Terán.
Lo que no nos cuesta hagámoslo fiesta
Aparentemente nada más inofensivo que la religión. Y sobre todo, la acción administrativa de los cielos y los extinguidos infiernos y purgatorios que realizan las diversas iglesias.
Tras la diversidad cultural y la democracia participativa consagradas en la remendada constitución del 91 han venido ocupando como plaga de langostas de cuanto bien comunitario hay.
Tras los amplios, difusos y confusos conceptos y argumentaciones de diversidad, democracia, participación y de la pretendida inocencia de los mensajes religiosos las juntas comunales, las emisoras que llaman comunitarias al igual que las televisiones comunitarias han puesto a disposición de todos estos culebreros, los locales comunitarios y las franjas radiales y televisivas.
Argumentan todos que tales locaciones al igual que las entidades no cuentan con un presupuesto público que les permita realizar las inversiones para el mantenimiento en cuanto a servicios públicos, aseo y vigilancia.
De esa manera, los vecinos y ciudadanos, los jóvenes, los artistas, los deportistas, los promotores sociales no cuentan ya con los pocos locales mediocres, construidos con el ahorro de los ciudadanos, para reunirse, deliberar, organizar, promover o evaluar la acción cultural y social.
En vez de presionar para que se destinen los recursos debidos, en vez de interesar a los propios vecinos para autosostener y preservar los espacios comunitarios y culturales, en vez de promover la participación y el interés por los mismos de jóvenes y gestores, con la complacencia política y beneplácito de los alcaldes, el silencio de los concejos, con la impotencia de los funcionarios deportistas y cultores, con el desinterés de los ciudadanos, los líderes comunales proceden como si fueran de su propiedad los espacios comunitarios.
Creo, iluso que soy, que habíamos consagrado la separación de los asuntos de la Iglesia y del Estado.
Que los bienes públicos son pertenencia del Estado es decir, de todos los ciudadanos y que no pueden ser utilizados por las religiones alegando derechos inexistentes.
Que la vigilancia del Estado sobre los bienes colectivos consagra la defensa comunal por encima de los intereses particulares, y que hemos consagrado como principio separar incuestionablemente los asuntos religiosos de los asuntos del Estado. Que los líderes comunales representan ese espíritu.
Lo cultural no es asunto de beneficencia inventada ni asunto de comercialismo. Lo que se esconde, sobre todo, es la inoperancia de las tales Juntas y emisoras y televisiones dedicadas a lo que no es menester. Lo que se esconde es la falta de iniciativa para la promoción comunitaria, para la organización comunitaria, para la gestión comunitaria. Pero sobre todo, la democracia de papel que alienta la existencia comunal como el tigre de la solidaridad social, sin dientes presupuestarios, sin interés por su suerte, reduciéndolas como han estado a simples calandracos de la politiquería electoral.

Articulos relacionados

sábado 3 octubre, 2026 a las 1:22 pm

220 jóvenes de Timbío recibirán apoyo cafetero

sábado 3 octubre, 2026 a las 12:59 pm

I.E. Leopoldo Pizarro de Miranda es campeona departamental

sábado 3 octubre, 2026 a las 12:19 pm

López de Micay conecta campo, juventud y tradición