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Sábado, 3 de octubre de 2026
martes 22 marzo, 2016 a las 9:22 pm

La “uribización” de Santos

Uribe-Santos
Omar Orlando Tovar Troches
Por: Omar Orlando Tovar Troches –[email protected]

Me había planteado seriamente no volver a personalizar la política colombiana; de hecho, he evitado mencionar nombres de políticos en mis líneas, pero su insistencia en cometer, cada vez, actos más disparatados que los anteriores, me empuja a romper la regla.

Durante los dos periodos del expresidente y hoy senador Álvaro Uribe V., el estilo autoritario y vocinglero se fue filtrando paulatina y profundamente en el inconsciente colectivo del colombiano promedio. Poco a poco la cultura darwiniana del más fuerte, del más frentero, del más atrabiliario, se impuso en el discurrir cotidiano de nuestra sociedad. El uribismo, como se conoció y se conoce hoy a esta doctrina política y a sus correligionarios, también impuso la moda de deslegitimar todo aquello que no simpatizaba con sus dogmas de fe y sus prácticas; por ahí pasaron la izquierda, algunos periodistas, para llegar incluso a las altas cortes de este país.

Una vez salidos del poder, tanto Uribe como su séquito del C.D. se han dado a la tarea de continuar desprestigiando y deslegitimando la justicia colombiana, con el pretexto de una seudo-persecución política, práctica en boga más allá de nuestras fronteras por los simpatizantes internacionales del dueño del Ubérrimo. No han escatimado esfuerzos ni mediáticos ni políticos para desinformar y polarizar el actual establecimiento colombiano, para poder cubrir la huella delictiva de sus cuadros cercanos, condenados varios de ellos por sus desafueros mientras fungían como funcionarios.

Hasta aquí nada que no conozca la opinión pública. Lo que ahora llama la atención es la posición del actual mandatario nacional, Juan M. Santos, de acudir a deslegitimar las cortes internacionales, por el hecho de manifestar que, primero, el Estado colombiano no ha acatado una sentencia previa (2012) cuando la Corte Internacional dejó de ser buena, y segundo, declararse competente para conocer de la querella de Nicaragua y sus pretensiones territoriales. Asombra, por así decirlo, el hecho de que el actual presidente, apele a los mismos artificios demagógicos y efectistas, que hasta hace poco descalificaba de su opositor político y antiguo aliado, el doctor Uribe Vélez.

Ahora la llamada Unidad Nacional, con Centro Democrático incluido, como fuente ovejuna, todos a una, llaman a la otra unidad nacional, a la defensa de la soberanía, ahora si le hacen caso a Uribe cuando afirma: “es mejor cien años de conflicto que perder un pedazo de territorio”. Que “mermeladamente” conveniente les resulta, a las cabezas de los bandos en muy reciente disputa política, juntarse para reclamar un trozo de territorio al que hasta hace muy poco sólo teníamos en cuenta para ir a vacacionar y al que hasta hoy no le han solucionado ninguno de sus endémicos problemas.

Pura y física demagogia de Santos y la Unidad Nacional, incluido el C.D., netas argucias distractoras para levantar cortinas de humo, tendientes a tapar la ineficiencia de este gobierno y las graves pilatunas del anterior. Pregunto: ¿Cuándo oímos a este Santos y a toda esa pléyade de su Unidad musitar reclamo alguno con lo de las bases militares gringas? Repito, llama la atención que, ahora que tanto expresidentes como presidente tienen que afrontar sus desaguisados en lo referente a la defensa jurídica y política de Colombia, se junten todos en la foto y vociferen en coro que ésta corte internacional no gusta.

Flaco ejemplo para la ciudadanía colombiana, ganó Uribe. Ahora cualquiera, léase bien, cualquiera, puede decir que tal o cual fallo no le gusta, que de hecho es válido, lo grave es plantear que el mal ejemplo internacional de los gobiernos Santos-Uribe, pueda ser un paradigma, que de carta blanca para que esos mismos descontentos con los fallos de nuestra justicia, decidan que tal o cual corte no les guste y que por tanto ni se presentaran ante ellas, ni mucho menos acatarán sus fallos. Que susto.

Por el otro lado, ante un escenario así expuesto, ¿en dónde queda la confianza que genera un Estado que solo reconoce instancias cuando le conviene?, ¿Qué pensarán sus socios comerciales?, ¿Qué pensarán en el Consejo de Seguridad de la O.N.U?, ¿Qué pensarán las F.A.R.C., el E.L.N. y los otros alzados en armas ad portas de firmar un acuerdo? No pregunto por lo que pudiéramos pensar, nosotros los colombianos que vivimos del fiado, porque la respuesta es obvia: No les importa, ni les importó, ni a Uribe ni a Santos.