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lunes 14 octubre, 2013 a las 8:37 pm

La tricolor unió los colombianos

Seleccion colombia
Luis Barrera
Por: Luís Barrera
[email protected]

Tras la clasificación del seleccionado colombiano al mundial de fútbol del 2014 en Brasil se esconde toda una historia , trama de pasión y amor que se demuestra al sudar la camiseta con el tricolor patrio.

Todo el esfuerzo y entusiasmo de un pueblo pudo unirse en nuestra única bandera. La de la perseverancia, el optimismo y la esperanza que es lo último que se pierde, pues al fin a cabo, el futbol es imprevisible porque todos los partidos empiezan cero a cero.

El empate 3 a 3 con Chile en el Metropolitano de Barranquilla tiene un profundo significado no solo desde el punto de vista deportivo, sino de cómo el fútbol y la entrega por los colores patrios puede llegar unir a todos los colombianos cuando nos proponemos algo en bien de todos, sin odiosas divisiones e intereses mezquinos.

El fútbol, como casi todo ámbito de la sociedad, está poblado de luces y sombras. Por lo tanto, se nos presenta como una isla del fenómeno de la violencia en que vive el mundo en su conjunto. Hoy en día, genera una atracción no sólo para el que lo practica sino también para el que lo observa. Lamentablemente se ve salpicado por la violencia, que se manifiesta tanto dentro como fuera de la cancha.

Para los colombianos el fútbol es una pasión. No queda duda de que, al ser también el deporte más popular del mundo, lo que comenzó siendo un deporte espectáculo, con el paso del tiempo ha dado lugar a una lamentable locura desenfrenada llegando al extremo de cobrarse vidas humanas.

Generalmente, el problema no está en las cosas. El problema está en las personas. El fútbol es un deporte como cualquier otro y muy noble. Y por eso a veces no se entiende cómo el fútbol y los deportes en general que unen los pueblos, alegran y entusiasman las gentes y comunidades, sigue siendo abandonado y con trato de quinta categoría en muchos de nuestras poblaciones, en donde no se les brinda oportunidades a nuestros talentosos jugadores y deportistas.

Si bien el fútbol es un ejemplo de solidaridad en muchos aspectos, hay un ámbito donde el balompié muestra su mejor cara: como mecanismo de integración entre personas, la entrega amorosa por sudar la camiseta y enarbolar los colores de nuestra selección, hoy clasificada nuevamente a un mundial de la mano del argentino José Pékerman.

La diversidad bien gestionada enriquece, pero mal manejada es el origen de muchos conflictos delictivos y racistas. En una aldea global donde las fronteras tienen menos sentido y la mezcla de culturas, ideologías y formas de pensar es un hecho, merece la pena hacer serios esfuerzos para conseguir que la integración y la convivencia pacífica sean una realidad y no meras elucubraciones.

El deporte, en general, y el fútbol, en particular, es un buen espejo en el que mirarse los colombianos hemos encontrado un terreno común para unir a las personas. El deporte es una buena forma de reducir la tensión; el juego limpio y el respeto por los demás son fundamentales en un campo de fútbol. Además, si queremos en verdad, la paz, la terminación al conflicto armado, un país mejor sin tanta violencia, sin exclusiones odiosas y aprender a vivir en tolerancia en medio de las diferencias, este un buen ejemplo de la coexistencia pacífica y el éxito.

El fútbol siempre ha sido en este sentido un gran armonizador de culturas y nacionalidades. En un equipo de talla mundial conviven jugadores de las más diversas nacionalidades y en los equipos pequeños de las más diversas regiones y como diría nuestra gloria del balompié colombiano, el guardavallas Pedro Antonio Zape Jordán, hoy entrenando los arqueros de la selección ecuatoriana: «El fútbol tiene la magia de demostrarnos que en este país todos podemos unirnos y gritar un gol como hermanos”.

Queda demostrado que con la lucha por remontar un marcador adverso como el que nos hizo sufrir en el primer tiempo nuestros futbolistas ante Chile y que con llegada al Mundial del Brasil entonces el fútbol cobra una gran importancia para millones de jóvenes y los jugadores pasan a ser los íconos máximos para ellos. De ahí la importancia de que estos protagonistas directos del deporte más popular del mundo dejen una imagen válida a copiar tanto dentro como fuera de la cancha.

Hay quienes dicen que el mejor ha sido Maradona, otros que Pelé… yo me quedo con la pelota y la camiseta que es la que une los pueblos en medio de sus adversidades, diferencias y problemas.