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miércoles 2 mayo, 2012 a las 11:18 pm

La tragedia del desempleo enloquece

Por: Luís Barrera
Editor Proclama del Cauca
La capital del Cauca sigue ocupando el segundo puesto a nivel nacional dentro de las ciudades con mayor número de desempleados. Según el Dane en el primer trimestre del año el porcentaje de personas desocupadas es del 18.8%. Sólo supera a Popayán, Quibdó hoy la población con más desempleados en el país con el 21.1%.

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El director del DANE, Jorge Bustamante, señaló que la tasa de desempleo en el mes de marzo se ubicó en 10.4 por ciento, lo que representa una reducción del 0.5 por ciento con respecto al mismo periodo de 2011. Según el DANE, el número de personas que se encuentran sin trabajo en el tercer mes del año es de 2 millones 370 mil, con una caída de 19.000.

Por su parte, el subempleo cayó del 31 al 30.6 por ciento, lo que representa que 6 millones 998 mil colombianos se encuentra en la informalidad.

Pero más allá de las cifras oficiales lo que hay que mirar es la desventura del mercado laboral en esta zona del país y la angustia que el real y creciente desempleo ha provocado en los hogares caucanos.

El empleo es un bien escaso, ¿será entonces responsabilidad de Perencejo o Perengano, que no hayan podido o no hayan sabido cómo encontrarlo o cómo conservarlo?

Es fácil imaginar entonces, poniéndose en los “zapatos de los demás”, las consecuencias psicológicas y humanas que genera el desempleo. No es culpa de Zutano o Mengano, porque sometidos a la lucha por ese privilegio y bendición, no hayan tenido la suerte de tener contactos o los recursos para estar en el momento apropiado, en el lugar apropiado y con la persona apropiada.

El estar desocupado, sin trabajo, varado, pegada la aguja, comiendo un cable o peor literalmente desempleado, genera «estigmatizados» y la ansiedad por la culpa es el mayor estigma. La revolución tecnológica no encuentra sectores alternativos que absorban mano de obra. En este escenario, aplica el darwinismo laboral: «sobreviven sólo los más aptos» o los más adaptados, o los más jóvenes, o los más fuertes, con buenos padrinos, o los que tienen todo eso junto.

El desempleo es uno de los problemas sociales más graves en el territorio caucano de hoy. Son cada vez más las personas desocupadas que necesitan asistencia psiquiátrica; creció el consumo de psicofármacos y los hospitales públicos y clínicas privadas, registran un crecimiento de consultas originadas por la pérdida de trabajo.

Siempre que se aborda la problemática del desempleo, las propuestas destacan la necesidad de crear fuentes de trabajo, reactivar la economía o subsidiar a los desocupados. Mientras, miles y miles de caucanos y colombianos ya están padeciendo las consecuencias de no tener trabajo. Y no parece haber demasiada consideración al respecto. Tomar conciencia, como casi siempre, será el primer e indispensable paso para planificar políticas de salud adecuadas.

Especialistas en la salud mental afirman que el desempleo genera baja autoestima. Las personas al sentirse no productivas, al no encontrar un empleo en donde desarrollar sus capacidades, sus conocimientos, generan de alguna manera un golpe más o menos fuerte, dependiendo de la sensibilidad de las personas, baja autoestima.

Henry Valencia Upegüi, prestigioso psiquiatra oriundo de Puerto Tejada reconoce que “otro efecto secundario es que al no tener un trabajo, tampoco se tienen los recursos necesarios para mantener a la familia y eso genera preocupación permanente. Eso afecta negativamente su manera de comportarse, de relacionarse con su familia”.

Cuando la esposa o el esposo están desempleados, se genera un ambiente de muchísima tensión al interior de la familia. Y si de por sí no hay habilidad para dialogar y compartir en la familia, en un estado de baja autoestima, menos se logra la comunicación. Por supuesto que esto desencadena un proceso de desintegración y abandono muy fuerte.

El médico Juan Carlos Caicedo Dinas de la ESE Norte 3 asegura que “la ansiedad, angustia, depresión, hipertensión, ha originado un nuevo término médico: el síndrome del desempleado. La falta de trabajo no sólo es nociva para el bolsillo, sino también para la salud física y el equilibrio mental.”

La larga lista de trastornos asociados a la inactividad laboral, desde ansiedad, angustia y depresión, hasta hipertensión, mayor mortalidad y diversas dolencias psicosomáticas, ha originado un nuevo término médico: el «síndrome del desempleado».

Aunque aún no se ha establecido una relación causa-efecto entre el desempleo y el deterioro físico y mental, debido a los múltiples factores que inciden en la salud, los últimos estudios muestran una correlación estadística entre ambas circunstancias.

Es imposible aislar el efecto exclusivo del desempleo sobre la salud, porque los grupos sociales que lo sufren suelen tener una relación directa con los niveles más desfavorables de riqueza, nutrición, educación y otros indicadores de calidad de vida. Al menos es eso lo que dicen los expertos consultados por PROCLAMA.

Existen indicios de que los trastornos mentales y físicos relacionados con el desempleo empeoran con el tiempo, a medida que pasan los meses, después del despido.

La desocupación afecta menos a las mujeres, cuyas responsabilidades diarias están más repartidas, respecto de los hombres, que tiene mayores tendencias autodestructivas.

También perjudica más a los jóvenes sin estudios, a los cuales suele empujarlos a la delincuencia, la marginación o los hábitos insanos, y causa un mayor aumento de las dolencias psicosomáticas entre los adultos.

“Los desempleados tienen una mayor tendencia a padecer hipertensión arterial, trastornos digestivos y problemas respiratorios, cardiovasculares y musculo esqueléticos, así como obesidad, diabetes y toxicomanías”, según un vocero de la Secretaría de Salud Departamental del Cauca.

El conocido chiste que dice que “el trabajo es tan perjudicial para la salud que es necesario pagarle a la gente para que lo haga” no parece tener ninguna evidencia científica que lo respalde.

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