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Domingo, 11 de octubre de 2026

LA SALUD DE LOS CAUCANOS NO PUEDE SEGUIR ESPERANDO

Miguel-Eduardo-Muñoz-Guevara---Columnista-Proclama-del-Pacífico

Hace algunas semanas escribí un artículo titulado: “La crisis inducida al sistema de salud”, en el cual se hace un análisis de la situación y responsabilidad del actual gobierno nacional, principal protagonista, que condujo al país a la grave crisis por la que atravesamos y que semana a semana dificulta cada vez más acceder a la prestación de servicios en salud.

En el Cauca, enfermarse se ha convertido en una tragedia que va mucho más allá del diagnóstico médico. Hoy, miles de ciudadanos enfrentan una realidad inaceptable: no reciben sus medicamentos, sus tratamientos son aplazados, las cirugías se cancelan y las hospitalizaciones se retrasan por la incapacidad de las EPS para garantizar un derecho fundamental como es la salud.

Cada día aumentan las denuncias de usuarios que deben madrugar para hacer largas filas, cuatro, cinco y más horas (de lo cual somos testigos todos, cuando pasamos por el frente de las sedes de las EPS) con la esperanza de reclamar sus medicamentos, solo consiguen salir con fórmulas incompletas, medicamentos «pendientes» o la absurda recomendación de solicitar al médico un cambio de fórmula porque el medicamento simplemente no está disponible.

La crisis de la salud en el Cauca ya dejó de ser un problema administrativo para convertirse en una emergencia humanitaria.

Los mayores responsables de esta situación son precisamente quienes cuentan con el mayor número de afiliados en el departamento: Nueva EPS, Asmet Salud y Emssanar, entidades que hoy concentran el mayor número de quejas por incumplimientos en la entrega de medicamentos, autorizaciones de tratamientos, hospitalizaciones y atención especializada, situación que no admite excusas, se trata de la salud de los caucanos.

Como si fuera poco, los retrasos en los pagos al talento humano en salud están debilitando aún más la capacidad de respuesta de hospitales y clínicas. Los profesionales de la salud, continúan prestando sus servicios en medio de enormes dificultades financieras, mientras el sistema sigue acumulando deudas y promesas incumplidas.

Esta situación no solo representa una deficiente prestación del servicio; constituye un riesgo directo para la vida de los pacientes. La interrupción de tratamientos puede desencadenar complicaciones irreversibles, hospitalizaciones evitables e incluso la muerte.

Lo más preocupante es que esta crisis parece haberse normalizado. Hoy resulta común escuchar que un ciudadano debe presentar una tutela para acceder a un medicamento, esperar varios meses por una cirugía o desplazarse cientos de kilómetros para obtener una atención médica. Un sistema de salud que obliga a ir a los estrados judiciales para la prestación del servicio dejó de cumplir con su función.

El derecho a la salud no puede depender de la suerte, de la insistencia con la que se reclame o de la capacidad económica del paciente.

Los caucanos merecen un sistema de salud que funcione, que responda con oportunidad y que garantice la atención integral que la Constitución reconoce como un derecho fundamental.

El Cauca no puede seguir esperando. La salud de sus habitantes exige respuestas inmediatas, decisiones firmes y un compromiso real con la protección del derecho más importante de todos: el derecho a la vida.

Las tres EPS intervenidas NUEVA EPS, ASMET SALUD Y EMSSANAR con la promesa de corregir la ineficiencia y rescatar el sistema de salud hoy exhiben, un panorama más preocupante. Los indicadores reflejan un deterioro en su desempeño administrativo, persisten las dificultades en la prestación de los servicios. La realidad demuestra que las intervenciones, lejos de convertirse en la solución, no han logrado corregir las fallas estructurales. por el contrario, las han profundizado. Como reza el adagio popular, el remedio terminó siendo peor que la enfermedad.

Son enormes los desafíos que enfrenta hoy el sistema de salud colombiano, por fortuna renace la esperanza, con el presidente electo Abelardo de la Espriella, próximo a iniciar su mandato, tendrá la oportunidad y responsabilidad de encabezar una transformación profunda, basada en criterios técnicos, sostenibilidad y visión de largo plazo, que permita corregir el rumbo, recuperar la confianza de los ciudadanos y reconstruir un sistema de salud más fuerte, equitativo y eficiente para las futuras generaciones.