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Miércoles, 7 de octubre de 2026

La realidad en nuestros tiempos

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Imagen cortesía de: www.clarin.com

La realidad en nuestros tiempos

Elkin Quintero

¡Oh, memoria, enemiga mortal de mi descanso! – El Quijote de la Mancha.

En nuestro tiempo, la ansiedad y la angustia han sido fruto del azar y la predisposición y muchos la convirtieron en parte del diario vivir. Desde hace varias décadas, las personas se han visto obligadas a sentir un grado moderado de aceptación de la realidad imperante bajo la consigna de esperar por un bien mayor. Nuestra situación empeora, el fantasma de la violencia y el monstruo de la corrupción rondan por los territorios con algo de complicidad estatal. Para minimizar el impacto negativo se busca afanosamente disfrazar la verdad y con ayuda de los medios de manipulación mediática se maquilla con fútbol, realities, concursos de bellezas y otras majaderías que entretienen y no permiten una verdadera racionalización de las causas y consecuencias de las malas decisiones y de los actos de inmoralidad. Los últimos acontecimientos las han aumentado considerablemente al punto de perder la fe e incorporar tardíos sentimiento de apátridas.

Si bien, la ansiedad se resalta por su cercanía al miedo, se diferencia de éste porque mientras uno es una perturbación cuya presencia se manifiesta ante estímulos presentes, la otra se relaciona con la anticipación de peligros futuros, indefinibles e imprevisibles.  Caso puntual la clasificación al mundial de Qatar o las elecciones de marzo y mayo.

Desde la perspectiva anterior, la ansiedad por el miedo y el fracaso permite comprender las peinadas en los debates, la pataletas luego de cuatro años de ausencia y demanda, el cinismo de unos al pretender perdón y olvido y el descaro de otros al querer presentarse como mesías o con tinturar su cabello ser el lider de una selección que agoniza en medio de la apatia y la falta de sangre en las venas. Adicional a la ansiedad, en nuestro país cobra fuerza otro factor determinante: la angustia. Por doquier se siente y gracias a las promesa propias del rigor político y del fracaso del combinado nacional es la emoción más experimentada por el pueblo colombiano en estos días.

Hoy, tiene un efecto de inmovilización y conduce al sobrecogimiento en innumerables ocasiones; se define como una emoción compleja, difusa y desagradable que conlleva serias repercusiones psíquicas y orgánicas en el sujeto; es visceral, obstructiva y aparece cuando nos sentimos amenazados. Se vincula a situaciones de desesperación, donde la característica principal es la pérdida de la capacidad de actuar voluntaria y libremente; es decir, perder la voluntad para dirigir nuestros actos. En ella participan factores biológicos, psicológicos, sociales y existenciales, por lo que soporta inevitablemente un abordaje integral desde todos los campos mencionados. A menudo provoca una perturbación en el individuo. En una ocasión Benedetti expresó, “la angustia, al igual que otros estados psíquicos que producen sufrimiento, así, por ejemplo, la tristeza y el sentimiento de culpa, constituye una pugna normativa de lo esencialmente humano”.

En fin, más allá de los riesgos, el impacto psicológico y social de estos dos factores es indiscutible. Vivimos una situación insólita y difícil predecir con exactitud y, por tanto, estimar las consecuencias psicológicas y emocionales de la ansiedad y angustia se complican con los días.

Para terminar, sería válido recordar que el miedo al fracaso puede darse en diferentes ámbitos de la vida cotidiana: en la escuela o universidad, en nuestras relaciones afectivas y laborales. Sin embargo, la clave está en comprenderlo para tener el coraje de abordarlo con una postura objetiva dándole el valor que merece. Gracias a los resultados de la selección nacional de futbol y al continuo y desleal debate político es común sentir temor a fallar, generar falsas expectativas y pensar qué pasaría de no llegar a cumplirlas. Desde la perspectiva anterior, todos experimentamos estas sensaciones. Ahora, el problema se genera cuando la ansiedad y la angustia se convierte en algo paralizante que nos impide actuar.

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