De la protesta y los movimientos sociales


La protesta social cada vez toma más fuerza en nuestro país. Paros, marchas, movilizaciones mediante los cuales diferentes sectores sociales muestran el inconformismo con un estado de cosas y situaciones en la lucha por el reconocimiento de los pueblos. Una sociedad desigual y excluyente como la nuestra abona terreno para todo tipo de protestas e inconformidades.
En Colombia no tenemos claro un proyecto de país, de regiones y de ciudades y por ello no nos hemos podido consolidar como Nación; lo que vemos y sentimos es una sociedad completamente polarizada que da miedo. Hasta el momento no vislumbramos un Plan Nacional de Desarrollo incluyente que llene las expectativas de la mayoría de los colombianos. El desarrollo socioeconómico ha sido desigual. Ya vamos para un siglo hablando de una Reforma Agraria y los problemas del campo no se resuelven. Los gobiernos de turno se han caracterizado más por promesas que por soluciones. El Legislativo ha sido incapaz de generar leyes útiles y convenientes para la sociedad y por esto se mantiene en deuda con el país.
Llevamos una semana de paro agrario. En el momento de escribir estas líneas avanzan las negociaciones entre el Gobierno y la Cumbre Agraria, Étnica, Campesina y Popular, sin embargo preocupa la prolongación del movimiento de protesta por las consecuencias de orden socioeconómico en toda la geografía nacional. Sobre todo, las consecuencias de bloqueo de carreteras en todo el país que tiene paralizada la movilidad. Tres indígenas muertos en hechos relacionados con la protesta, varios heridos, la afectación de pacientes que requieren suministros médicos en los hospitales, como es el caso de Popayán y el Cauca, donde la carretera panamericana sigue bloqueada, los expendios de gasolina están cerrados y en algunos supermercados comienzan a escasear los productos, etc. No es menester exigir la materialización de unos derechos vulnerando otros, así existan razones legítimas de exigencia de los protestantes.
El reconocimiento de la existencia de los conflictos hace necesaria la tramitación pacífica de los mismos, la recurrencia al diálogo, a las negociaciones, a los acuerdos y a que se cumpla lo pactado. Las vías de hecho y de fuerza se contraponen a la razón de ser del manejo o tramitación de los movimientos sociales; lo que hace necesaria la sensatez, la prudencia y la actitud conciliadora de las partes y el respeto de los acuerdos.

Como bien lo anota Pedro Santana en su libro “Los movimientos sociales en Colombia”: “los movimientos sociales han establecido una relación crítica con el Estado, del que reclaman satisfacción de una serie de necesidades. Pero también con los partidos y movimientos políticos que mantienen un pie en la sociedad civil y el otro pie en el Estado. Es decir, buscan consenso en sectores de la sociedad civil, en sus propuestas de organización de la sociedad y en la solución de problemas”. Los movimientos sociales están dotados de una naturaleza civilista, pacífica, descentralizada y autónoma. Con actitud tolerante y pluralista en una nación reconocida pluriétnica y multicultural, los movimientos sociales resultan reconfortables ante el estado de violencia generalizada que vive el país.
En el caso de las implicaciones del paro agrario en el departamento del Cauca, en las redes sociales es reiterativa la queja sobre la falta de liderazgo de la clase política regional, cuyos congresistas sólo se dejan ver las caras en los procesos electorales en su búsqueda electorera y nada más. Ante circunstancias como la actual, se demanda la presencia viva de los congresistas en bancada en los escenarios regionales para que actúen como mediadores en la solución de la difícil problemática regional, que mantiene al departamento como uno de los más rezagados en desarrollo humano a nivel nacional, lo que convierte a la región en caldo de cultivo para que se proliferen una serie de conflictos que hacen cada vez más tensa la relación entre Estado y sociedad.
Frente a la presión social en las redes sociales, los congresistas caucanos-después de una semana- publicitan un comunicado, donde entre otras cosas, anuncian estar “dispuestos a brindar nuestros buenos oficios en procura de buscar caminos para la solución negociada y pacífica de este conflicto”.
Mientras tanto, pensamos en la necesidad de comenzar por la protección del derecho a la vida, ya que sin vida no cobra sentido la democracia. Hacer realidad los derechos sociales y económicos y generar en los ámbitos públicos y privados una pedagogía por la tolerancia y la convivencia pacífica. Estado, movimientos sociales y partidos políticos, gremios de la producción y la misma sociedad civil pueden unidos minimizar los males que tiene Colombia. Insistimos en la necesidad de estructurar en Colombia unos verdaderos partidos políticos, que actúen como verdaderos intermediarios entre la sociedad civil y el Estado. La proliferación de movimientos sociales en nuestro país es la fiel demostración de la inexistencia de verdaderos partidos.



