La Propiedad de la Tierra


En la historia colombiana el problema de la propiedad de la tierra ha sido decisivo como génesis de numerosos conflictos sociales desatados antes de la independencia de España.
En la colonia, cuando en vastas regiones el sostén de la economía era la minería, a pocas familias les eran concedidas grandes extensiones de tierra, donde tradicionalmente habían habitado, o transitado como nómadas grupos indígenas que vivían de la recolección de frutos, la cacería y pesca.
Al incrementarse la fundación de pueblos, como Caloto, que además eran centros de adoctrinamiento católico, los nativos paeces y pijaos sintieron usurpado su territorio y por eso la destruyeron ocho veces, debiendo ser refundada en diversos sitios del oriente caucano (Silvia, Tierradentro, etc.), antes de prosperar donde está actualmente.
El modelo de hacienda feudal, dedicada a ganadería extensiva y al cultivo de frutos destinados al consumo interno, con los indígenas como terrajeros y posteriormente los esclavos dedicados a la minería, se extendió, por cerca de tres siglos, hasta que empezó a resquebrajarse en el oriente del país, como Santander, donde había surgido una clase de medianos propietarios dedicados al cultivo y procesamiento del tabaco y caña de azúcar y a textilería y alfarería incipientes, afectados por excesivos impuestos de la corona española, motivando la revolución de los Comuneros.
En el Gran Cauca, además de la explotación del oro, prosperó el modelo de haciendas, como Cañasgordas, al lado de Cali y Japio, en Caloto, donde sembraron los primeros cultivos de caña de azúcar y empezaron su procesamiento en panela y aguardiente, con la creciente mano de obra esclava como motor.
Al desatarse la guerra de independencia, mientras algunos esclavos eran incorporados por sus amos a las filas rebeldes, varias comunidades negras se fugaron de sus sitios de confinamiento, internándose en inhóspitos parajes a orillas de los ríos, rodeados de humedales y cubiertos de espesa vegetación de árboles nativos y guaduales, fundando especies de ‘palenques’ sembrando la semilla de poblaciones, como los actuales Guachené, Villarrica, Puerto Tejada y Padilla, entre otros y creando nuevos propietarios de la tierra.
En la guerra de Independencia uno de los principales alicientes que movían a numerosos guerreros no sólo eran las ansías de libertad; también la propiedad de las tierras y bienes que pertenecían a los españoles, como cuando al general Santander le fue concedida la hacienda Hatogrande, hoy asignada a la Presidencia de la República. De acuerdo con el rango era la extensión de propiedades concedidas a los patriotas y no sólo a costillas de tierras que tenían los españoles, sino de los resguardos indígenas, que existían desde entonces.
Al triunfar la Independencia iniciamos la abundante cosecha de guerras civiles, con caudillos como Mosquera, Obando, Murillo Toro, Melo, Ospina, entre otros, motivando a sus soldados con la promesa de propiedades que serían despojadas a sus rivales.
Al triunfar la Regeneración de Nuñez, con la Constitución de 1886 se consagró el triunfo del ideario conservador y de estos como propietarios, agenciando la hacienda colonial con ligeras variaciones, como improductivo modelo económico, con la naciente industria cafetera y tabacalera, pujando en otras regiones.
Durante cuarenta años, con movimientos de aparceros luchando por hacerse a la propiedad de pequeñas extensiones que trabajaban para sus amos y con el incipiente movimiento de Manuel Quintín Lame en el Cauca y Tolima, el conflicto por la propiedad de la tierra siguió latente en el país, despertándose para terror de los terratenientes, cuando en 1936 López Pumarejo aprobó la Ley de Tierras con una incipiente Reforma Agraria, que los alertó para desencadenar las primeras manifestaciones de lo que sería “La Violencia”, generalizada después del asesinato de Gaitán, cuando los campesinos liberales, propietarios de pequeños predios , fueron perseguidos por los ‘pájaros’ y ‘chulavitas’, conservadores, para que abandonaran sus parcelas. Intentando defenderse muchos se fueron a la selva a ‘colonizar’ nuevas tierras y crearon las guerrillas liberales, semillas de lo que en la década de los 60 serían el origen las FARC, el ELN y el EPL. Buscando desarmar esta bomba de tiempo, el presidente Lleras Restrepo aprobó una nueva Ley de Reforma Agraria y legalizó movimientos de campesinos sin tierra agrupados en la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC. En 1971, con el Pacto de Chicoral, terratenientes conservadores y liberales del Frente Nacional descabezaron la Reforma Agraria y persiguieron organizaciones campesinas y sus dirigentes sobreviviendo muy pocas, entre ellas el Cric y otras indígenas del país. Al llegar narcotráfico, paramilitares y guerrilla desbocada, a las buenas o las malas la concentración de la propiedad rural se extendió en el país con el modelo ganadero, caballista, agroindustrial, vigente defendido por el uribismo, con pocos propietarios y numerosa mano de obra barata, sin prestaciones sociales ni horas extras. Es por estas razones que el problema agrario está en la raíz del conflicto colombiano.



