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Jueves, 8 de octubre de 2026
lunes 11 mayo, 2015 a las 9:20 pm

LA PROEZA DE SER EDUCADOR, HOY EN DÍA

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CREPITACIONES 2015

El primer título de este texto era: “El valor de ser educador… en estos tiempos difíciles”, otorgando a la palabra valor aquel significado fundamental que la define como: “cualidad del ánimo que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a enfrentar los peligros”.

Valor era una palabra apropiada para los fines de lo que se trata aquí, no obstante, pueden considerarse como sinónimos con lujo de detalles las palabras valentía, hazaña, proeza, audacia. Es una lucha en la que cada una de las anteriores palabras con esa fuerza convincente que tienen ellas, hacen lo posible por quedar en primer lugar y desplazar a las otras. Curiosamente por un acuerdo tácito, por una suerte de arte de la magia lingüística, todos los sinónimos llegaron a la conclusión de darle el privilegio a la palabra PROEZA, porque ella recoge el significado de “acción valerosa”, el cual era el objetivo básico de este escrito, de esta columna. De esta pugna de fuerzas, representada en palabras sinónimas, nace el título que ustedes leen, amables lectores. Como se dan cuenta, escribir no es tan fácil, como algunos creen.

Una vez resuelto ese primer escollo, aparece en el horizonte la tarea de organizar el título, relacionando la proeza con los tiempos difíciles que estamos viviendo en la sociedad y en su núcleo esencial: la familia, la cual se ha ido descarrilando peligrosamente, olvidando su misión fundamental, OBLIGANDO AL EDUCADOR A SER PADRE Y MADRE AL MISMO TIEMPO. Se olvida que la misión fundamental del educador es orientar, enseñar y guiar a los estudiantes, no siendo “cuidadores de niños” como lo afirma el científico colombiano Rodolfo Llinás (situación que se evidenció en el pasado paro de maestros, cuando algunos padres de familia “entraron en pánico” al tener sus hijos en la casa y no sabían qué hacer con ellos, exigiendo que los maestros volviéramos pronto a las sedes educativas).

Para reforzar las ideas anteriores, nada mejor que citar a Fernando Savater, conocido y famoso catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, cuando en su libro “El Valor de Educar”, que todo educador debe leer, afirma: “Para decirlo muy esquemáticamente, cuando la familia socializaba, la escuela podía ocuparse de enseñar. Ahora, que la familia no cubre plenamente su papel socializador, la escuela no solo no puede efectuar su tarea específica con la tarea del pasado sino que comienza a ser objeto de nuevas demandas para las cuales no está preparada”.

Si la familia ha olvidado su función primordial, a los educadores nos queda harto difícil concentrarnos en nuestra misión tan especial de ser orientadores de los estudiantes. Y si a esta situación le agregamos el número exagerado de estudiantes que cada maestro debe atender diariamente (de 35 a 40 y hasta más), la cuestión educativa se complica seriamente. Redondeando como conclusión final esta idea, se ha afirmado, de acuerdo con estudios serios y concienzudos que “el 20% de la actividad formativa y orientadora depende del maestro y el 80% depende de las actividades familiares”. ¿Y usted, amable lector, qué opina de esta afirmación y de lo escrito en esta columna? Tiene la palabra.

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