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Sábado, 10 de octubre de 2026

La presidenta soy yo y yo nombro los ministros

La presidenta soy yo y yo nombro los ministros

Imagen por: https://chatgpt.com/

Stella Ramírez G.
Stella Ramírez G.

Recuerdo como si fuera ayer que, antes de las elecciones de 2018, la cúpula militar ya le hacía la venia de presidente a Iván Duque.

¿Pero cómo así?, me pregunté entonces, si ni siquiera había sido elegido.

Esa imagen —silenciosa pero elocuente— no era un simple gesto protocolario.

Era una señal, un anticipo, una certeza que parecía —no depender del voto ciudadano, sino de acuerdos que el país nunca termina de conocer—.

Hoy, esa misma inquietud regresa.

Ayer vimos cómo la candidata Paloma Valencia, con tono autoritario y sin matices, respondió a los periodistas frente a las declaraciones de Juan Daniel Oviedo —quien expresó su desacuerdo con que el expresidente Uribe Vélez llegue al Ministerio de Defensa—:

“La presidenta soy yo y nombro los ministros que yo quiera”.

¿La presidenta?

¿Pero cómo?

Me hago la misma pregunta de 2018.

¿En qué momento una candidata, que ni siquiera ha sido elegida, se asume ya como jefa de Estado?

¿De dónde proviene esa seguridad?

¿Es simple arrogancia… o la expresión de algo más profundo?

Porque no es una frase menor.

No es un lapsus.

Es una declaración de poder anticipado.

Y eso prende alarmas, esa afirmación es peligrosa, es antidemocrática, proclamarse presidente sin el voto de las urnas.

Y es que, no solo es peligrosa por el tono —que revela una concepción vertical del poder— sino por lo que sugiere entre líneas: la idea de que el resultado ya estuviera, de alguna manera, definido. Como si el camino electoral fuera apenas una formalidad.

La historia reciente nos obliga a no ser ingenuos.

En 2018 también hubo señales, también hubo certezas anticipadas. Y también hubo quienes actuaban como si el desenlace ya estuviera escrito.

Hoy, cuando una candidata que ni siquiera lidera las encuestas se autoproclama “presidenta”, la pregunta no es retórica:

¿qué sabe ella que el país no sabe?

Porque en democracia, nadie es presidente antes de que el pueblo lo decida.

Y quien se comporta como si ya lo fuera, revela —como mínimo— un preocupante desprecio por las reglas del juego.

Por eso, más que indignarnos, esto debe activarnos.

Cuidar cada voto.

Vigilar cada mesa.

Defender cada acta.

Porque la democracia no se defiende sola.

Se defiende con ciudadanos atentos, incómodos, vigilantes.

Con memoria.

Y con carácter.

Que nadie se corone antes de tiempo.

Y que nadie, absolutamente nadie, crea que puede pasar por encima de la voluntad popular.

Porque este país ya ha pagado demasiado caro el precio de la ingenuidad y de la trampa de algunas instituciones.

En resumen: la forma despectiva y abusiva con la que la candidata responde a una opinión de su fórmula presidencial la dibuja exactamente, eligió a Oviedo por la votación que este consiguió, se creyó que los votos de Oviedo serían para ella, craso error esos votos no son para ella y los que votaron por Oviedo no lo harán por ella, o al menos la mayoría no.

¡Pobre Oviedo!

P.D Tengo la intuición que las encuestas ubican a Cepeda por encima del 50% y como acostumbra decir Vicky Dávila” si, pero eso no se puede decir »


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