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Domingo, 4 de octubre de 2026

La Política – Espectáculo

La Política - Espectáculo 2
La Política - Espectáculo
Imágenes: https://designer.microsoft.com/

El riesgo de la celebridad sin proyecto

Alfonso Luna Geller

Alguien me comentó ayer sobre la certera posibilidad de que Abelardo de la Espriella fuera presidente de la República. ¡Quedé de una pieza! Y pensé: ¿Seremos tan de malas de que un tipo de esta calaña lograra serlo?

La formalización de su precandidatura con el movimiento «Defensores de la Patria» para 2026, es un síntoma brutal del estado crítico de la oposición y de la desesperación que permea a un sector de la ciudadanía.

Abelardo de la Espriella es un abogado que se volvió famoso, más por el escándalo que por ser un político de tradición, y lo que hace es armar bronca directa sin que le importe nada.

Su estrategia, basada en la agresividad digital y la retórica de la «salvación nacional», llena el vacío de liderazgo que la derecha tradicional no ha podido cubrir.

Y me aseguraron que es posible que fuera presidente, porque en Colombia la política ha dejado de ser un ejercicio de ideas para convertirse, cada vez más, en una competencia de visibilidad. No importa lo que se propone, sino cuántas veces se aparece. No importa lo que se construye, sino cuántos clics se generan. Y en esta pasarela en que convirtieron la política, Abelardo De La Espriella, provocador profesional, es más diestro y astuto que cualquiera con trayectoria pública, vocación de servicio y visión de país.

A pesar de entender la explicación seguía preguntándome: ¿Es posible que una figura mediática, sin experiencia en gestión pública, sin proyecto político claro, sin trabajo territorial, sin arraigo popular, pueda convertirse en opción presidencial? Me insistían en que sí, porque el desgaste institucional, la polarización emocional y la banalización del debate han creado las condiciones para que el espectáculo reemplace al argumento.

Medio entendí entonces que el problema no es si el «Tigre» ruge más fuerte que sus competidores; el problema es que su candidatura expone una verdad incómoda: la derecha colombiana está en busca de alguien que le devuelva la imagen de firmeza perdida, y el candidato más visible es aquel que ha hecho del histrionismo legal y la confrontación su marca personal.

Es más. El pánico que causa tiene una causa que lo estimula: el actual gobierno le está haciendo la tarea a la extrema derecha. Cuando el presidente Petro tiene salidas irreverentes e impensadas, como la que le costó el retiro de la visa americana por mandar a los soldados gringos a desobedecer órdenes, solo consigue asustar a los que buscan orden. Cada paso en falso del mandatario es un punto a favor para el “Tigre”. Y se está tropezando mucho.

La Política - Espectáculo

Frustrado entonces ante un ego sin proyecto de país, en tiempos de polarización, espectáculo y desgaste institucional, no dejaba de cuestionarme: ¿Es que queremos ser gobernados por el pánico, en vez de la coherencia democrática que tanto necesitamos?

Realmente corremos un riesgo ante el desengaño por un cambio que no llegó, ante un país agotado por la corrupción, la violencia y la desigualdad. Corremos el riesgo que la gente termine buscando “mano dura” en quienes solo ofrecen frases efectistas, sin estructura institucional ni compromiso democrático.

Con el Tigre De la Espriella afrontamos un modelo político que premia la provocación y castiga la reflexión y que pretende aprovecharse de una ciudadanía que, harta de los partidos tradicionales, puede caer en el espejismo de la celebridad y la improvisación.

Dicho lo anterior, sinceramente sigo pensando que Colombia no está condenada a elegir entre el escándalo y el vacío. Pero necesita ciudadanía activa, medios responsables y líderes con visión. Porque si la política se convierte en espectáculo, el país se convierte en víctima. Y si la celebridad sin proyecto se vuelve opción, la democracia se vuelve riesgo.


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