La política alborotada


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Luis Felipe Angell De Lama “Sofocleto” un conocido escritor, periodista y humorista peruano, sostenía que “en política siempre se corre el riesgo de pertenecer a las mayorías.” La política en Colombia se alborotó de cara a los próximos comicios electorales de Marzo del 2014 en donde tendremos la oportunidad de reelegir o renovar el Congreso de la República.
Mirando cómo está hoy, nos damos cuenta de que necesita urgente renovación. Y no necesariamente renovación significa juventud y nuevo liderazgo. Podemos incluso alimentarnos de las experiencias y sabiduría del pasado y de las orientaciones de quienes algún día tuvieron mando y liderazgo.
En este momento en que esta actividad corre el riesgo del descrédito por la ineficacia de sus instituciones -que se desvirtuaron por el exceso de la burocracia, los abusos del poder y por la promiscuidad entre interés público y ventajas particulares-, es urgente recuperar el ejercicio auténtico de una verdadera ciudadanía.
Sin embargo la tendencia es que sigan los “mismos con las mismas”. Unos, porque pertenecen a colectividades de mayorías organizadas y se han ganado legítimamente el derecho por su labor legislativa y servicios a las comunidades a seguir representándonos con dignidad y decoro. Y otros, porque saben cómo es que funciona la tradicional maquinaria electoral de las “mayorías” que siempre terminan imponiéndose con artimañas, triquiñuelas y prebendas, en medio de un clientelismo que no ha sido posible derrotarlo democráticamente en las urnas.
Nuestros barones electorales se niegan a ser sacados a “sombrerazos” del escenario político y hasta en uso del buen retiro desean regresar a la fascinante contienda electoral. Los delfines llevan el bicho de la política en las venas heredando caudales de votos “amarrados” y leales de generación en generación, porque la política es su máximo patrimonio y oficio.
El ejercicio de la ciudadanía en las próximas elecciones legislativas es el campo propicio para la intervención consciente de las personas, de cara al proceso colectivo de transformación de la sociedad y de la regeneración de las estructuras estatales. Participar con ardor democrático y en conciencia para elegir a quienes fabrican nuestras leyes, es la forma posible de llegar a redefinir los rumbos de la sociedad y rediseñar el Estado, convocándolo nuevamente a sus finalidades.
Ejercer libremente el derecho a elegir nuestros mejores congresistas debería ser la plaza que recoge la participación de las personas y la fuente que riega la actividad social y política de nuestras regiones y organizaciones políticas.
Son los ciudadanos los que alborotan la política y no los políticos. Es la gente que cree y le gusta la política y sus vericuetos, la que quita y pone curules, cobra por ventanilla las actuaciones o pontifica quienes deben elegirse, la que puede reciclar la sociedad, de manera continua, oxigenándola con nuevos valores, los que la conciencia ética vaya indicando de manera siempre más clara, y urgiendo con fuerza creciente, en la medida en que ese deber consigue llevarlos a cabo en un proyecto que ha de ser diseñado y activado gradualmente.
La política anda excitada y agitada en el Cauca y en todo el territorio nacional, porque hay que salir a buscar los votos, hay que convencer a la gente del porqué sufragar por quienes estarán en el máximo escenario de nuestra democracia y saben que en política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela.
La política se alborotó y es estrepitosa, porque además ejercer ciudadanía legislativa ahora en tiempos de la búsqueda de la paz y reformas sociales, exige una vigilancia constante de nuestras actitudes personales. Pues todos nos vemos empujados a asimilar dominaciones consolidadas por la tradición, o a proyectar nuevas posturas más liberales y democráticas. De ahí la importancia de conocer realmente el espíritu de servicio e intenciones de los congresistas y aspirantes para combatir el autoritarismo, el centralismo, el racismo, la tolerancia, el machismo y otros temas culturales y políticos.
Finalmente, ser ciudadano responsable ante unas elecciones legislativas exige el aprecio por el otro, por el diferente, la acogida, la escucha, el respeto por la diversidad, para la convergencia y para la integración. Acudir al debate sin evasivas y temores, la gente quiere en medio de su “conchudez” escuchar propuestas e ideas.
Es una nueva mentalidad que pese a las “maquinarias de las mayorías” debe ser cultivada ante la masificación cultural que está siendo impuesta hoy. Ser un buen elector en los comicios de Congreso que se nos vino encima, es también convivir armónicamente con el diferente, así la dinámica de los partidos y movimientos exija un guerra sin cuartel por los electores, porque las elecciones se ganan con votos y no con tanto “blablá.”
En esto la educación puede llegar a tener una indispensable aportación que hacer: por un lado afirmar las individualidades, y por otro, abrirlas a la complementariedad. Sin cultura electoral no hay ciudadanía. Con la educación para entender y participar de la democracia, los problemas subsiguientes de la afirmación de los electores se tornan un rico material para la construcción de este gran edificio de la ciudadanía, que necesita involucrar las ganas de todos.



