LA POESÍA REFUGIO DEL ALMA



Cantaba una mujer, cantaba
sola creyéndose en la noche,
en la noche, felposo valle.
Cantaba y cuanto es dulce
la voz de una mujer, esa lo era.
Fluía de su labio
amorosa la vida.
…
Frag. del poema Todavía. Aurelio Arturo.
Hay realidades que no se pueden explicar por sí solas. Van apareciendo en el espectro de la vida y se acomodan al lado del ser humano para protegerlo del anonimato, de la intemperie o la soledad. Tan débil se ve, pero hay salvaguardas que se le ponen en frente para darle abrigo y elevarle su aura.
Una muestra es la poesía. Sea como luz que sale a flote del fondo de su angustia y lo hace resplandecer en medio de su soledad. O lo toma de la mano para sacarlo de un encierro que no se atrevía a abandonar. La Poesía, ya sea como instrumento para dar rienda expedita a que los sentimientos o como tabla de salvación en un momento que se necesita una amiga que acompañe en el camino.
Encontrar solaz, puerto soñado o una luz en un autor o en un libro que cae en manos de alguien perdido en la selva de la vida, es un milagro que puede ocurrirle a quien alguna vez supo que la poesía es una pócima sagrada. Como si viniera Aladino con su redoma, un poemario o un nombre como Homero o Virgilio o García Lorca o Wislawa Szymborska o Meira Delmar o Juana Inés podrían hacerlo suceder.
La Poesía es un ungüento, una bebida espirituosa, un trago fuerte que sumerge a la mente en un estado de quietud y descanso corporal. ¿Quién la inventó, quién la puso en manos o en la mente humana, quién la descubrió y la donó a seres inmortales para que encontraran una medicina y fuente de sanación y elevación del espíritu?
La Poesía, ya sea heroica, amorosa, profunda o contemplativa o transparente o risueña será un oasis en medio de los cansancios diarios o los momentos de duda, dolor o desespero. Tomar a Teresa de Jesús, a Machado, Quevedo, Aurelio Arturo, Emily Dickinson será como asir un paño para enjugar las lágrimas o para llenar el vacío de un abandono o para encontrar la respuesta como lo hizo Alicia cuando le consultó al Gato Cheshire qué debería hacer para encontrar un camino.
Entrar en contacto con esa región sublime que es la Poesía será como entrar a una sala iluminada y amable para descansar, conversar y soñar con los autores que dejaron su rastro en redondillas, endechas o elegías.
La región donde habita la Poesía en un reino abierto, una región cercana, un país como el de Alicia. Allí uno no cae en un desvarío. Allí entra uno en una «región transparente», como al lugar idílico donde encontró solaz Melibeo al final del día y se puso tan feliz que sacó su avena y le entonó una égloga a un haya amiga.
28-08-17 9:45 a.m.



