LA POESÍA ES DAMA RECATADA Y ESCONDIDA


Loco-mbiano

La vi en el XV Festival Internacional de Poesía de Cali que tuvo su Cumbre durante los días 24 a 28 de agosto. Salió acompañada unas veces de siete, ocho o cuatro poetas. Iba de incógnita en la boca de ellos. Los acompañó gustosa a sus recitales. Nadie supo cómo vestía o si tenía corona de oro o de laurel ni si el paso era cadencioso y solemne. Entró al Teatro Municipal, a la Sala Proartes, subió al Parque artesanal de la Loma de la Cruz, fue a la Tertulia y en el teatrino saludó de beso a cada uno de los integrantes de la Fundación de Poetas Vallecaucanos por los 20 años que la han ensalzado.
Sí, la poesía vino hasta Cali en avión desde Ecuador. La trajo con ilusión Edwin Madrid. También vino desde Medellín con la sonrisa de Gloria María Bustamante y se sentó al lado de JJ Junieles y de dos invidentes que la han sentido en sus brailles. Sacó de la cárcel a tres amigos suyos y los puso en libertad bajo su palabra. Sin bulla, sin mirar de reojo, sin orgullo fatuo. Solo por el placer de oírlos cómo cantaban a dúo con ella en los escenarios donde se presentaban. No se dejó ver y nadie se dio cuenta que se refrescaba el calor de estos días con un abanico negro y rojo traído desde Toledo.
Porque la poesía vive escondida tras la flor minúscula bañada de rocío en la mañana, en las sombras de la noche, en la mitad de un lágrima de una mamá que perdió su hijo en la montaña. También habita en el regazo de la madre cuando alimenta con su pezón al niño y se le puede ver en el brillo de las gotas que saltan en el riachuelo. Es sencilla como el rumor del agua en un cañada donde bebe el cabritillo, el colibrí y busca su cena el martín pescador.
No se le verá en palacios, oficinas gubernamentales, en banquetes ni en discotecas o marchas acompañadas con fanfarria. Siempre se le hallará acompañada del silencio, la soledad, la niebla y la luna lila. No gusta de guerras, de voces ruidosas, de odios ni se presta para componendas ni estratagemas dudosas. Se aleja del poder y la bajeza, de alborotos y tambores.
Jamás nadie la oyó entrar haciendo bulla ni acompañada de bufones y lagartos. Es recatada como la aurora que sale por el Oriente sin apenas abrir la cortina. No le ladra el perro ni la anuncia la trompeta. Su corazón late cuando un poeta la invoca de verdad y generosa le verterá su numen si se esfuerza por guardarle la compostura y la hondura de pensamiento.
Sí. A la poesía la vimos andar por Cali en este XV Festival. Le gustó la silla en los lugares a donde la transportaron, fuera dentro de la ciudad o en los lugares apartados. La vieron llegar los niños y con ingenuidad la aplaudieron y le pidieron que volviera. No hubo oropeles, no hubo comodidades ni excesos ni mucho o poco presupuesto. Porque la Poesía no hace bulla para que le rindan pleitesía. Solo se entrega a los oídos que la quieren oír y trae la paz al que la busca en cada Fiesta que celebra la Palabra.



