LA POESÍA DEL SILENCIO

Quisiera ejercitarme en mi esgrima fantástica
Husmeando en los rincones azares de la rima,…
Charle Baudelaire

Confieso porque alguna vez debo hacerlo, que ayer vi de principio a fin el partido de Colombia y Costa de Marfil. Un lugar en el mapa de áfrica de donde trajeron secuestrados a los tatarabuelos de la mayoría de los jugadores de la Selección. Nunca lo hice. Porque el partido de fútbol se ve siempre acompañado, y necesito observarlo con el “Mute” del televisión puesto. Al igual que se debe en completo silencio leer la poesía para saber verídicamente si lo es.
Esa danza magnífica de patadas, caídas y levantadas, pero sobre todo de pases y agiles juegos con la pelota y los pies, con destreza circense… me fascinó. Pero en silencio… Sin el cacareo, digamos sin la palabrería, y exageración de la gritería de los locutores a punto de infarto. Denotando con esa emoción sospechosa, como el engole del cantante o persona que habla para hacerse creíble… Con aullidos como si fueran políticos de feria, distrayendo la verdadera lírica del juego encantador de multitudes.
Si se lee un poema en la soledad de la noche, escuchando la música sólo de fondo de los grillos, el croar de las ranas… y percibiendo la luz de las “luciérnagas fantásticas” se puede llegar inclusive a escuchar la voz del autor, su melodía. Porque se escribe como se habla y se siente… y viceversa. Lo mismo es en el fútbol. Que tal un locutor transmitiendo un ballet… “La danza de los cisnes de Tchaikovski”, a voz en cuello.
Es por eso que a los verdaderos cantantes no se les ve el canto. Puesto que lo hacen como si hablaran, o conversaran. Y no como los animadores de esta clase de eventos, que son en definitiva los causantes, que cuando se gana en la lid, multitudes desesperadas salgan a las calles disfrazadas, haciendo con trompetas ruidos ensordecedores, lanzando harina, espuma y otros elementos, que manchan y dan ruina a los trajes de los años cuarenta de aquellas personas, que ya no deben andar por las vías en ese histérico momento de gloria.
No hay como ver en silencio la maestría del gol cuando es verdadero: Esa “esgrima fantástica”, de igual forma como se construye el poema, tachando en el papel una y otra vez hasta lograr la imagen sorprendente. El lenguaje escrito en el papel verde de la cancha “de todos los colores”, también puede llegar a ser otra creación de la imaginación. Pero la mayoría de escritos, como ocurre con el poema, no lo es. También la danza del fútbol y su poesía es otra magia, que hay que descubrir en completo silencio. Una misteriosa transpiración la cual se consigue sólo trabajándola, más que por la inspiración divina…
Corriendo, sudando y siendo oportuno en el pase al otro: de la esfera. Malabarismos conseguidos como en la escritura, con largo esfuerzo, entrenamientos y borrones. Puesto que en el poema como en el fútbol vale más lo quitado, que lo puesto.
Ayer, lo vuelvo a confesar, descubrí el juego del balón pie, pero en “Mute”. Porque no había nadie en casa. Nunca lo había hecho, por esos pequeños descuidos o desconocimientos de lo que es la poesía encerrada en todas las cosas….
“Hay un hada escondida en todo lo que ves”, dijo Víctor Hugo. Pero igual se ha dicho: “Que en el amor y en la poesía sobran las palabras”. Como en el fútbol este amor de multitudes hipnotizadas (no idiotizadas)… requiere de la excitación animadora, y en los salones de la anacrónica declamación, porque si así no fuera, los personajes que las realizan se morirían de hambre.
Alegría de Pío. Junio 20. 2014. 4:00 A.M



