«LA PIEL ERA TODO»


El cuerpo es siempre preludio de palabras; cualquier continente erótico suyo aguarda el clímax, no solo físico sino del discurso. La semidesnuda geografía del cuerpo, solo o en pareja, es toque que invita, insinúa, aparece, eclosiona con deseo a la mirada. Las palabras acompañan, son luz en el imaginario, en la conciencia cruzada por el eros.
En esta muestra son pocas las palabras: dos, tres, cuatro o cinco versos por poema; cada canto es una estructura con espacio para respirar-contagiar atmósferas livianas de lubricidad. Y las fotos proponen, muestran lo que el tiempo nos niega: la estática eternidad de la imagen, el momento esquivo que quisiéramos aprisionar por siempre.

Esto es lo que vi en la exposición «La piel era todo (Poesía erótica en fotografía)», de la poeta Hilda Pardo y el fotógrafo Juan Camilo Flórez en el Museo Mosquera de esta ciudad, donde la imagen fotográfica sirve de marco a los poemas allí impresos. Hilda es sugestiva; su universo de palabras es ascético, exclusivista, cuidadoso con la escogencia de las frases; su poesía de un instante es abierta a lecturas personales; relaciona tiempo, sentimiento, eros… bella entonación de atmósferas intimistas, sensual sonido del palabreo. Juan Camilo es luz-sombra en los cuerpos, sencillez pero completud en las figuras; lo humano es signo en un tiempo nítido, despojado, llano, ensimismado por el toque de la piel, lo posible que vendrá.
Viendo esta exposición, queda la sensación de transitar una persistencia silenciosa del deseo, la seguridad de que la piel volverá en la intimidad de los abrazos. Sin duda, es «aromoso» el placer que gritará en alguna esquina de las sombras:
«Fruto de aroma, carnívora belleza,
perfumero de esencia fatal.
Efluvios secretos en mínimos velos de intimidad».



