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La marquesa olvidada que despertó en Coconuco

Una crónica sobre Juan Carlos López, su investigación y el rescate de Dionisia Pérez de Manrique de la historia olvidada.

Por David Luna, gerente de Proclama del Pacífico.
En las entrañas del archivo histórico de la Universidad del Cauca dormía una mujer. Trescientos años de polvo, papeles amarillos, escribanías coloniales y transacciones comerciales la mantenían prisionera en un silencio que la historiografía oficial había decretado. Hasta que Juan Carlos López Castrillón, exalcalde de Popayán y hombre de inquietudes intelectuales que lleva años destilando la memoria caucana en artículos para la prensa local, descendió a esos archivos y la encontró acechando desde las sombras: Dionisia Pérez de Manrique, la Marquesa de San Miguel de la Vega.
Ayer, 6 de junio de 2026, a las once de la mañana, en la legendaria Hacienda Coconuco la casona rural más antigua de Colombia, construida entre 1690 y 1702, monumento nacional desde 1977, que perteneció al General Tomás Cipriano de Mosquera, López cerró un ciclo de investigación que había comenzado sin intención de escribir libro alguno. Rodeado de su familia, con el conversatorio del escritor payanés Juan Esteban Constaín autor del prólogo, figura de proyección internacional, lanzó El regreso de la marquesa: una obra de 134 páginas que es menos una biografía convencional y más una resurrección narrativa de una vida que pesa en la historia y que el presente debe conocer.
La casona que una mujer levantó

López llegó a Dionisia por las paredes. Su esposa Yuyi Vejarano pertenece a la familia Mosquera, heredera de la Hacienda Coconuco, y desde hace años él habitaba esa casona espectacular donde los páramos caucanos custodian piedra y madera que respiran historia. Años atrás, cuando López y su esposa decidieron escribir un libro sobre la casa, invitando a historiadores y escritores a aportar sus reflexiones obra que circuló hace siete u ocho años, el personaje de Dionisia comenzó a atraerlo con la fuerza magnética de los misterios inconclusos. Fue un llamado silencioso que se convirtió en obsesión intelectual.
Lo que López descubrió en los documentos del Cabildo, en las escrituras públicas de sus bienes, en las cartas guardadas celosamente, en los registros de sus transacciones, en las actas donde su nombre aparecía tejiendo redes de poder, fue algo que explosionaba contra los prejuicios de la época: una mujer revolucionaria.
Una Popayán de edad de oro

Dionisia Pérez de Manrique nació en el seno de una familia noble española que había venido a menos en patrimonio. Su padre y su hermano Francisco, que fue rector de la Universidad del Rosario en Bogotá, formaban parte de esa estirpe donde la dignidad se medía en pergaminos más que en oro. Se decía que era hermosa, aunque no existen retratos suyos, apenas los de su padre y su hermano. Se casó por poder con Diego José de Velasco, el hombre que López identifica como su primer marido, y fue despachada hacia un Popayán que le era completamente desconocido, hacia un territorio donde tendría que aprender a sobrevivir usando inteligencia, coraje y esa capacidad de adaptación que a veces llamamos instinto de supervivencia.
El Popayán que Dionisia encontró era una ciudad en plena ebullición económica y cultural. Estamos hablando del siglo XVIII, cuando la gobernación de Popayán abarcaba prácticamente la mitad del territorio de la Nueva Granada. La bonanza del oro había convertido a la ciudad en un emporio comercial donde circulaban fortunas, donde el prestigio se medía en tenencias de tierra y en capacidad de mecenazgo. La ciudad bullía con alrededor de 7,000 habitantes, gobernada por una elite criolla de unas 200 familias españolas que monopolizaban el poder político, económico y social.
Popayán, en esa época, tenía Casa de la Moneda. Era acuñadora de fortuna, ciudad donde lo precioso fluía: el oro extraído de las minas, comercializado, convertido en poder. López subraya este contexto porque es fundamental entender que Dionisia no era un personaje menor en un pueblo perdido, sino una mujer que operaba en el corazón del poder colonial suramericano.
Su segundo matrimonio marcó un punto de inflexión. Se casó con el Marqués de San Miguel de la Vega, gobernador de Popayán, hombre de influencia política regional, y con ese matrimonio adquirió el título nobiliario que la historia la conoce. Pero la marquesa no fue una figura de adorno, una dama que luciera el título en tertulias mientras su marido ejercía el poder. Amplió su círculo de influencia de manera deliberada y estratégica, llegando a sectores que la sociedad colonial consideraba invisibles: los indígenas, los esclavos, los afrodescendientes, los sectores populares que no tenían voz en las deliberaciones del Cabildo ni en las jerarquías eclesiales.
Una mujer que trabajó por la equidad

Lo que distingue a Dionisia no fue su riqueza, aunque fue quizás la mujer más acaudalada del sur de la Nueva Granada, sino cómo usó esa riqueza. Trabajó por la equidad social en una época donde ese concepto apenas tenía vocabulario. Promovió la educación aliada con los jesuitas, comunidad religiosa que compartía su visión de que el conocimiento podía ser un instrumento de transformación social. Mientras otros terratenientes consolidaban sus dominios y acumulaban riquezas que pasarían intactas a sus herederos, Dionisia hacía algo revolucionario: distribuía.
Constituyó resguardos indígenas en tierras que legalmente le pertenecían. Liberó esclavos, acto que en el siglo XVIII suponía una pérdida económica significativa y una transgresión moral contra el consenso oligárquico. Destinó buena parte de su herencia a la comunidad jesuita para fortalecer el Colegio Menor San Francisco de Asís, institución donde los indígenas de zonas rurales podían acceder a educación que los hiciera más productivos, que los empoderara, que los convirtiera en protagonistas de sus propias vidas en lugar de objetos pasivos de explotación.
Tuvo cinco hijos que murieron muy pequeños. Esta tragedia, según López, marcó profundamente su vida, quizás la hizo sentir la fragilidad humana de manera más aguda, transformando su dolor privado en compromiso público. Cuando su marido murió, Dionisia enfrentó una viudez que podría haber significado retiro y reclusión, el destino reservado para las viudas de su rango, pero ella siguió actuando, siguió trabajando, siguió invirtiendo su fortuna en proyectos de equidad.
El terremoto como oportunidad histórica
En 1736 llegó el terremoto. Popayán se derrumbó. En medio de la devastación, cuando la ciudad necesitaba ser reconstruida desde sus cimientos, Dionisia se convirtió en una figura central de recuperación. Participó activamente en la reconstrucción de conventos, templos e instituciones educativas. No fue una donante pasiva que entregaba dinero desde la comodidad de su mansión, sino una gestora que se involucraba en las decisiones, que supervisaba proyectos, que pensaba la ciudad no como un conjunto de escombros sino como la oportunidad de reimaginar su estructura social.
López identifica en esa reconstrucción post-terremoto un momento donde Dionisia operó como visionaria. Mientras otros veían ruinas, ella vio la posibilidad de una ciudad diferente. Mientras otros querían reconstruir el orden colonial tal como había sido, ella trabajaba por introducir fracturas en ese orden, por crear espacios donde los excluidos tuvieran cabida, donde la equidad fuera más que una palabra.
Seis meses de obsesión escritural
El proceso de escritura llevó a López entre seis y siete meses de investigación intensa, de lectura exhaustiva de documentos, de conversaciones con historiadores, de inmersión en el contexto de la Nueva Granada. Publicó el texto por entregas dominicales en El Liberal, periódico local que lleva casi cien años circulando en Popayán, lo que le permitió refinar la prosa, recibir comentarios de lectores, ajustar detalles. El trabajo de la escritura se convirtió en una arqueología de la vida cotidiana colonial.
Lo que López decidió escribir no fue una crónica seca de hechos documentados. Elaboró una mezcla deliberada entre biografía e imaginación novelística: incorporó diálogos recreados, situaciones dramáticas de los momentos cruciales de la vida de la marquesa, reconstrucciones de conversaciones que pudo haber tenido pero que existían en la lógica de su tiempo. Situó esos momentos dramáticos, las muertes de sus cinco hijos, su matrimonio por poder, su llegada a una ciudad desconocida, sus trabajos de equidad, sus conflictos internos, dentro del marco histórico de la Nueva Granada, trazando un arco narrativo donde los hechos personales se entrecruzan con transformaciones históricas.
La genealogía de Dionisia, que aparece reproducida en el libro, traza un árbol donde aparecen nombres como Lucas Perez Manrique de Rosa, María de Cidia, sus hermanos Luis, Juana y Cristóbal Camberos, descendientes como Graciona, Andrés, Miguel y Antonio Pérez Manrique, y finalmente sus propios hijos Diego José de Velasco y Baltazar Carlos de Viveros. Cada nombre representa un nudo en la red familiar que López rastrea con precisión de historiador.
Por qué importa ahora

López fue claro en el conversatorio de ayer: si hubieran existido más Dionisias Pérez de Manrique en la historia de Colombia, el país sería otro. La afirmación no es nostálgica ni romántica; es política. En un siglo XVIII donde las mujeres estaban relegadas a una vida silenciosa, Dionisia fue revolucionaria en el sentido más profundo del término: sacudió el establecimiento colonial de Popayán con su protagonismo deliberado, con su liderazgo que no pedía permiso sino que se ejercía, con su comprensión de que la riqueza sin equidad es apenas poder concentrado esperando su propia implosión.
El libro emerge en un momento donde Colombia sigue enzarzada en conflictos que tienen raíces profundas: la tierra como objeto de disputa entre indígenas, afrodescendientes, campesinos y mestizos. Hace trescientos años, Dionisia avizoró un entendimiento basado en la distribución del patrimonio que funcionó, que avanzó en un proyecto de equidad reconocido incluso hoy por historiadores que estudian la región. Su vida funciona como arqueología de un futuro posible.
López, que se acaba de pensionar tras su período como alcalde de Popayán, ha decidido dedicar esta etapa a la investigación y la escritura. Mientras la historiografía oficial siga dejando mujeres como Dionisia enterradas en archivos, hay trabajo urgente por hacer. Ya tiene en mente su próximo proyecto: Tomás Cipriano de Mosquera, personaje controvertido que influyó profundamente en el Cauca del siglo XIX y en los albores de la República. López quiere aproximarse a Mosquera de manera más humana, porque la historia suele hablar del Mosquera político, guerrero y dictador, pero menos del Mosquera familiar, del hombre que dejó quinientas cartas publicadas por Luis Ángel Arango, cartas que revelan un ser complejo.
Mosquera promovió la Constitución de Rionegro de 1863, descripción que López hace con admiración: la más revolucionaria y avanzada que Colombia ha tenido, más avanzada incluso que algunas constituciones mexicanas del siglo XX. Fue libertario, pasó del conservatismo al liberalismo, fue influenciado por la masonería europea, fue clave en los inicios del Olimpo liberal. En su vida política está escrita la transformación de una nación.
El prólogo de quien sabe contar

Que Juan Esteban Constaín haya aceptado escribir el prólogo de El regreso de la marquesa tiene su significado. Constaín es escritor payanés con proyección internacional, hombre que conoce la historia del Cauca con rigor de erudito y sensibilidad de cronista. Cuando López le contó del libro, Constaín lo leyó y aceptó de inmediato. Su prólogo, que aparece en las primeras páginas, sitúa a Dionisia dentro de una tradición de figuras históricas que merecen ser recordadas no por su poder sino por su capacidad de transformar el presente.
El conversatorio de ayer fue, en ese sentido, un diálogo entre dos formas de entender la literatura: López como investigador que usa la narrativa para hacer visible lo invisible, Constaín como escritor que entiende que los hechos históricos son también actos literarios, que la memoria colectiva se construye en el lenguaje.
Distribución y alcance
El regreso de la marquesa tiene 134 páginas. Circulará a partir de esta semana desde la librería Casa Tomada en La Candelaria, Bogotá, y por plataformas de distribución digital e internet. El precio fijado es de cincuenta mil pesos, cifra que López considera módica en relación con lo que el lector recibirá: no solo una novela histórica sino una intervención en el debate sobre qué historias contamos, quiénes merecen ser recordados y por qué la equidad sigue siendo la tarea inconclusa de América Latina.
El cierre en Coconuco

Que el lanzamiento haya tenido lugar en Hacienda Coconuco no fue accidental. Las paredes de esa casona fueron levantadas por Dionisia hace más de trescientos años. Los páramos que la rodean vieron sus decisiones, sus gestos de solidaridad, sus trabajos de reconstrucción tras el terremoto. La hacienda es testigo mudo pero elocuente de una vida que merecía ser contada, que demandaba ser contada.
López cerró el evento rodeado de su hermosa familia, despidiendo a los invitados mientras sostenía su libro en las manos: una mañana de conversación, historia y cariño, como él mismo escribió. Pero lo que ocurrió en Coconuco fue más que un acto literario. Fue una reparación de memoria. Fue el momento en que una mujer que el olvido había enterrado regresaba a la conversación contemporánea trayendo consigo preguntas que no envejecen: ¿Cómo se construye la equidad? ¿Quién cuenta las historias que importan? ¿Qué mujeres han quedado fuera del relato que creemos conocer?
Dionisia Pérez de Manrique regresó ayer a Popayán. Y como sucede siempre que una verdad olvidada resurge, el presente tendrá que responder.
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GENEALOGÍA DE DIONISIA PÉREZ DE MANRIQUE
Documento anexo: Árbol genealógico completo
GENERACIÓN I: ASCENDIENTES DIRECTOS
Juana de Ulloa (1640-SF)
- Matriarca de la línea materna
Lucas Perez Manrique de Rosa (1599-1678+)
- Patriarca de la línea paterna
GENERACIÓN II: PADRES E INMEDIATOS
Dionisio Perez Manrique de Rosa (1599-1678+)
- Padre de Dionisia • Línea focal de la genealogía
María de Cidia (1599-1678+)
- Madre de Dionisia • Esposa de Dionisio Perez Manrique
GENERACIÓN III: HERMANOS DE DIONISIA
Luis Camberos (SF)
- Hermano (relación filial)
Juana Camberos (SF)
- Hermana (relación filial)
Cristobal Camberos (1582-SF)
- Hermano (relación filial)
Descendencia de Cristóbal Camberos:
Juana Camberros Hurtado de Mendoza (1632-?)
- Nieta de Dionisia (línea colateral)
Catalina Hurado de Mendoza (1599-1678+)
- Bisnieta de Dionisia (línea colateral)
GENERACIÓN IV: HIJOS DIRECTOS DE DIONISIO PEREZ MANRIQUE
Francisco Pérez Manrique (1626-SF)
Blauco Pérez Manrique (1628-1654)
Carlos Francisco Pérez Manrique (1630-SF)
Álvaro Pérez Manrique (1632-1659)
GENERACIÓN V: NIETOS DE DIONISIO (SEGUNDA GENERACIÓN DESCENDIENTE)
Graciona Pérez Manrique (1634-SF)
Andrés Pérez Manrique (1636-SF)
Miguel Pérez Manrique (1638-1652)
Antonio Pérez Manrique (1640-SF)
GENERACIÓN VI: BISNIETOS DE DIONISIO
Juana Francisca Pérez Manrique (1663-1713)
Rosa Pérez Manrique (1661-SF)
Dionisio Pérez Manrique (1654-SF)
Micaela Pérez Manrique (1658-SF)
PERSONAJE CENTRAL: DIONISIA FRANCISCA PÉREZ MANRIQUE
Dionisia Francisca Pérez Manrique
(1668-1744+)
LA MARQUESA DE SAN MIGUEL DE LA VEGA
- Hija de: Juana Francisca Pérez Manrique (abuela materna de Dionisia a través de esta línea)
- Primer esposo: Diego José de Velasco (1656-1708+)
- Segundo esposo: El Marqués de San Miguel de la Vega (Gobernador de Popayán)
- Duración de vida: 76 años (1668-1744+)
- Legado: Constructora de Hacienda Coconuco, defensora de indígenas, liberadora de esclavos, mecena de la educación jesuita
GENERACIÓN VII: HIJOS DE DIONISIA FRANCISCA PÉREZ MANRIQUE
Del primer matrimonio con Diego José de Velasco:
Diego José de Velasco (1656-1708+)
- Hijo primogénito de Dionisia
Baltazar Carlos de Viveros (1660-1729+)
- Hijo de Dionisia
CONVENCIONES Y EXPLICACIONES
SF (Sin Fecha)
Indica que la fecha de defunción o nacimiento no está registrada en los documentos consultados.
(+)
Indica que la persona vivió más allá de la fecha registrada, según la documentación disponible.
(?)
Indica incertidumbre en la fecha o información dudosa según los documentos históricos.
Relación filial
Vínculo de parentesco directo entre padres e hijos, documentado en archivos del Cabildo y escrituras públicas.
Línea colateral
Rama familiar que desciende de hermanos o hermanas de los ascendientes directos.
NOTA IMPORTANTE
Esta genealogía ha sido compilada basándose en documentos históricos del archivo de la Universidad del Cauca, escrituras públicas coloniales, registros del Cabildo de Popayán, y la investigación exhaustiva realizada por Juan Carlos López Castrillón para su obra El regreso de la marquesa. Los datos representan el estado más completo y verifiable del árbol genealógico de Dionisia Pérez de Manrique según la documentación colonial disponible.
Popayán, Cauca • Junio de 2026



