LA MANSIÓN DE ARAUCAIMA (1986)


Esta película colombiana basada en un cuento de Álvaro Mutis, dirigida magistralmente por Carlos Mayolo, con la actuación de Vicky Hernández y Adriana Herrán entre otros, nos lleva al interior de una hacienda donde, tal vez, «si se entra no se sale, o si se sale no se vuelve».
«Algún aventurero, algún marinero sopló ese nombre (Araucaima). Todos hemos caído aquí como hojas traídas por el viento, y aquí nos hemos quedado».
La música proclama sorpresas mientras la mansión vive sus dramas; particulares dramas, disímiles dramas, en un ambiente de trópico donde el orden, como toques extraños de piano aquí y allá, es cierto acaso. Todo tiene su perfume silvestre, descomplicado e indomable, entre la mañana y la noche; los personajes cumplen su rito de ser en la aventura, y hasta el paso de las horas es incierto, entre la ociosidad y la cópula.
Parece que la promiscuidad es norma en esa casa donde al señor, excéntrico dueño, no le importa nada; porque una señora reparte sus favores entre uno y otro, y hasta la bella chica recién llegada de manera fortuita intenta, primero, con el que no puede (obsesivo pathos), luego con el «padre», después con el negro, y finalmente con la señora… y entonces el erotismo es clima candente unca falta en Araucaima; es parte de un trópico sin leyes, caricias que hacen pervivir esos rincones donde cunde siempre la sorpresa.
Ese lugar, mientras las vacas mugen y los gallos cantan, es un espacio que sorprende; se mueve con una historia que atrapa entre sus nudos, y cierto sinsentido tiene visos surreales, sueños incidentales que la actuación de Vicky Hernández subraya con maestría.
«¿Araucaima es acaso el sitio adonde nunca nadie ha llegado?» Pero allí todo llega; el llanto y la muerte también le pertenecen.
RVQ
https://www.youtube.com/watch?v=sXyVtzT1GSY



