La izquierda que renació el 15 de junio – Por Alvaro Delgado


Periodista independiente
Todo el mundo pudo observar las penosas contorsiones y gestos del presidente Santos en el momento de reconocer ante las pantallas de TV la colaboración de las formaciones de izquierda en el triunfo de su candidatura, en ese sudoroso atardecer del pasado 15 de junio. Solo a punta de gritos femeninos de “¡…y Petro, …y Petro, …y Petro!” se vio obligado a pronunciar esa palabra ominosa, a pesar de que la agrupación política del odiado alcalde fue la primera en mostrar con hechos, públicamente, su apoyo electoral al mandatario que había destituido a su principal dirigente pocas semanas atrás. Por supuesto, para las agrupaciones sociales del campo, que se movilizaron ante el llamado del Partido Comunista, la UP, Marcha Patriótica y demás grupos políticos independientes que siguen poniendo los muertos del paramilitarismo, tampoco hubo reconocimiento presidencial explícito.
La periodista Marta Ruiz, conceptuó al respecto: “el triunfo de Santos se basó en una alianza puntual con sectores de izquierda e independientes”. Por su lado, la presidente del PDA, Clara López, en declaraciones hechas el 17 de junio afirmó que “mi voto por la paz fue totalmente de principios, que no hubo acuerdo o negociación alguna con el Presidente de la República y que no haré parte del nuevo Gobierno”.
“Hago un llamado a la unidad, a resistir las tentaciones de la discordia y a aprovechar la gran oportunidad que nos ha dejado el debate electoral para crecer y desarrollarnos en la lucha social, en la deliberación pública e interlocución política y en el ejercicio de una oposición inteligente que convierta nuestras propuestas en verdadera alternativa de gobierno”, agregó la exalcaldesa de Bogotá, y añadió: “Este es un triunfo de muchos, de millones. No lo vayamos a dilapidar faltando a nuestro compromiso con los Estatutos, el Ideario de Unidad, el respeto mutuo y la confianza depositada en nosotros por cerca de dos millones de compatriotas”.
En el Valle del Cauca, donde la votación por Santos subió notoriamente en la segunda vuelta, la izquierda dejó sentada también su posición. Luz Betty Jiménez, quien presidió la Veeduría Ciudadana de Cali, afirmó que “el reelegido Presidente Santos invitó a todos los colombianos a apoyar su mandato por la paz, en el entendido de que ésta debe estar cimentada en la coparticipación social y la conciliación entre las clases sociales, lo cual nada tiene que ver con la verdadera paz con justicia social que conlleva en la práctica la transformación de las condiciones económicas, políticas y sociales de las clases y grupos sociales que hoy se debaten en medio de la violencia, la pobreza y la desigualdad social”.
“Por el contrario –advirtió ella–, el papel de las fuerzas democráticas y progresistas debe ser el de unirse, organizarse y actuar en torno a la constitución de un gran frente de convergencia ideológica y política que, a la vez que luche por los derechos y libertades de los ciudadanos, se convierta en una alternativa real de poder y de cambio social y político frente a las huestes hegemónicas de la derecha y de la extrema derecha que hoy ostentan el poder del Estado en el país”.
Más que el triunfo del gobierno, lo que interesa a la izquierda es que Santos (Juan Pa, para quienes no lo conocían personalmente) cumpla las promesas y los acuerdos pactados con las organizaciones sociales; que haya apertura democrática para los amplios sectores del pueblo y para la izquierda que sigue en la oposición; que se opere una verdadera depuración de los sectores afectos al paramilitarismo que siguen incólumes al frente de las Fuerzas Militares y Policía; que la guerrilla y ellos digan la verdad en La Habana, una vez que, como afirma el analista político Armando Novoa, el dilema entre “el fin de la guerra” y “la guerra sin fin” fue saldado con un mandato electoral claro a favor de la continuidad de las negociaciones de paz y de una “solución integral” del conflicto armado interno.
Novoa cree que “Esta coalición le da una base de apoyo real al proceso de paz que antes no existía […] El gobierno está obligado a recoger, directa o indirectamente, las críticas de Zuluaga al proceso de paz, o al menos demandar su agilización y la moderación en las pretensiones de la guerrilla. Si los avances del proceso de paz con las Farc y el inicio de negociaciones son ciertos e irreversibles, se necesitará el mayor nivel de consenso político y social, no solo para lograr la refrendación de los acuerdos, que es lo que contempla el Acuerdo general para la terminación del conflicto, sino también para garantizar su ejecución”.
Los puntos en las íes
Tras los resultados de la segunda vuelta presidencial, las excandidatas de la fórmula presidencial Polo Democrático Alternativo-Unión Patriótica, Clara López y Aída Abella, expidieron el pasado 18 de junio una declaración pública en la que agradecen el definitivo aporte de la izquierda en favor de la salida negociada del conflicto armado colombiano que encarna el presidente Juan Manuel Santos, al tiempo que anunciaron que continuarán en la oposición a su gobierno.
Los puntos centrales de la declaración fueron:
1. Definitivamente la paz es el camino, la reconciliación hoy es un mandato inapelable que debemos asumir todos los colombianos, con entereza y firmeza.
2. Esperamos plenas garantías para ejercer la oposición del Polo Democrático Alternativo, la Unión Patriótica y el conjunto de los movimientos sociales y políticos alternativos.
3. La construcción de la paz implica comprometer la conducción del Estado con la firma de acuerdos de terminación del conflicto con las Farc y el ELN. El proceso de negociación con las Farc requiere ajustes. Como lo hicimos a lo largo de la campaña presidencial, seguiremos insistiendo en la necesidad de negociar un cese al fuego.
4. Al reiterar que seguiremos ejerciendo la oposición, continuaremos abogando por un cambio del modelo económico, la renegociación de los TLC para recuperar soberanía sobre importantes herramientas de política económica, la reindustrialización del país y el rescate del agro colombiano en aras de conseguir el pleno empleo con remuneración decente para la fuerza laboral. Insistiremos en la educación, la salud, la alimentación y la pensión como derechos y en una reforma de la justicia que la despolitice y haga plausible la eliminación de la impunidad.
5. Las garantías a la oposición implican en primer lugar la preservación del derecho a la vida, lo que implica que el Estado debe comprometer toda su capacidad en desactivar las maquinarias de guerra responsables del exterminio de la Unión Patriótica y del asesinato y muerte de líderes sociales y políticos en las últimas décadas.
6. Las garantías a la oposición implican el acceso de la oposición a los medios de comunicación del Estado y a la dirección de los órganos de control y fiscalización, al Consejo Nacional Electoral, la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores y la Junta Directiva del banco de la República.
7. Estaremos vigilantes de los compromisos que adquirió usted con el pueblo colombiano en los días finales de la campaña presidencial, anunciados ante militantes y dirigentes de nuestros partidos: educación pública superior gratuita, extensión progresiva del mínimo vital de agua potable, reforma del sistema de salud: la salud como derecho y no como negocio.
Los votos que pusieron las Farc
Que haya sido una concesión de última hora destinada a ganar apoyo popular y votos al Presidente que aceptó las negociaciones de paz, el reconocimiento público hecho por la dirección de las Farc de que esa guerrilla también ha victimizado a la población indefensa va más allá de una simple confesión de culpa: es el reconocimiento público de la inmensa pérdida de prestigio y apoyo popular que esa guerrilla ha sufrido en toda su larga historia, única en ámbito americano.
Ya eso había ocurrido entre las poblaciones indígenas del país, cuyo especial esquema legal y cultural fue históricamente reconocido y respetado por los comunistas colombianos. La guerrilla fariana ha sido la única fuerza social y política capaz de romper la unidad del pueblo Nasa, la comunidad aborigen más desarrollada en materia de organización social y soberanía política. Ningún gobierno, ni siquiera el uribista y sus paramilitares, logró escindir nunca las filas de ese pueblo heroico.
Ahora la guerrilla se apresta a recibir a los voceros de las innumerables familias que agredió y victimizó en medio del silencio total de la izquierda más caracterizada. Basta recordar que ni el Partido Comunista ni el Polo Democrático (entonces en manos del reconocido magistrado de la Corte Constitucional, Carlos Gaviria) aceptaron la evidente culpabilidad de la guerrilla en el asesinato de los once diputados del Valle ese fatídico 18 de junio de 2007. “No hay pruebas”, sostuvieron vergonzosamente.
Desde luego, las cosas no han sido como las pintan los jefes militares y civiles del paramilitarismo. No puede confundirse a un agente político en armas, como han sido las Farc, con las bandas criminales a sueldo del militarismo, los terratenientes y los usurpadores de tierras. Como lo estima Marta Ruiz, las Farc carecen hoy de credibilidad política en amplios sectores populares de la ciudad y el campo y eso durará hasta que haya cambios de hecho, y mientras tanto, nuevas formaciones de izquierda van a aparecer en el país sin permiso de nadie.
Por lo demás, factores contra las organizaciones izquierda, principales artífices del triunfo de Santos, siguen firmes en sus puestos y no desaparecerán sino al amparo de cambios políticos del país que hasta ahora no se ven: paramilitares, bandas fascistas, militares activos y en retiro juzgados y por juzgar, bandas anti-entrega de tierras, reforma laboral uribista, todo ello sigue firme en la vida nacional. Y todos los gobiernos, incluido el de Santos, han consentido y tapado la actuación política permanente, lindante con la insubordinación, que se mueve en el seno de las Fuerzas Armadas, civiles y militares, y, si no se corrige eso, auguramos el fracaso del posconflicto, han afirmado varios comentaristas.
Pero el gobierno se ha encargado ya de echarle tierra a esa aspiración. El 19 de junio el presidente Santos, acompañado del ministro de Defensa, los comandantes de la cúpula militar y el director de la Policía, entregó a la prensa una declaración donde reiteró que el proceso de paz que se adelanta en La Habana no implica el debilitamiento de las Fuerzas Militares: “el país tiene una deuda infinita con nuestros soldados y policías. En la medida en que podamos mejorar el bienestar, eso nos permite ir pagando esa deuda […] no se puede hablar de reducción de las fuerzas sino de aumento” (El espectador, junio 19, 2014).
Junio 20, 2014.



