
Inatajable, imparable, incontrolable está la inseguridad por todas partes. No hay ciudad o población y muy pocas son las excepciones, en donde no se palpe entre sus habitantes el temor a posibles agresiones, asaltos, secuestros, robos, violaciones o lo que es peor , perder la vida o ser heridos de gravedad de los cuales podemos ser víctimas.
Hoy en día, problema de la inseguridad es una de las principales características y mayor malestar de los ciudadanos de todos los municipios, centros urbanos y parajes rurales y en fin todas las sociedades modernas, es el vivir con miedo, zozobra y la inestabilidad cotidiana. Porque vivimos en un mundo en el que la extensión de la violencia se ha desbordado en un clima generalizado de criminalidad.
Entre las causas de inseguridad que se detectan entre las autoridades, está sin lugar a dudas el desempleo que vive una gran cantidad de personas; los malhechores que atentan contra los bienes y la integridad física de los ciudadanos lo hacen, frecuentemente, en un gran porcentaje por no tener un empleo o una ocupación estable que les garantice ingresos suficientes para mantener a su familia.
La gente no quiere dejarse “morir de hambre” y son muchos los servicios domiciliarios, compromisos por pagar, el desespero de un padre o una madre por llevarle un pedazo de pan a su hijos los hace cometer fechorías insospechables de sobrevivencia que son empujados a delinquir como un modus vivendi.
Otros abrazados por el facilismo se niegan creer que hay que trabajar duramente para sustentar un hogar o sobresalir y ser alguien en la vida. Por ello prefieren la vía del dinero fácil y rápido en donde de la noche a la mañana pretenden conseguir y satisfacer tantos caprichos y modas, que son impulsados a salir diariamente a mirar quien esté mal parado para despojarlo de sus bienes o meterse en cualquier torcido en las tantas de sus modalidades delictivas existentes.
También, se identifica como algo que aumenta la inseguridad en nuestro medio es la pobreza, indigencia y miseria, como otra de las causas que puede generar agresividad y que ocasiona, además, altos índices de delincuencia que, generalmente, se ubican en las zonas marginales de la ciudad, en los llamados barrios subnormales o zonas de alto riesgo.
La inseguridad sigue creciendo en nuestras ciudades y campos también, debido a la falta de educación es esta otra poderosa causa. La escasa (y, muchas veces, inexistente) educación de los ciudadanos genera delincuencia, agresividad y, por supuesto, inseguridad en aquellas personas que se mantienen al margen, pero que son los que sufren las consecuencias de esta situación.
Asimismo, la cultura tan pobre y la falta de autoestima, defensa de principios y valores de nuestra población generan altos índices delictivos y de agresividad contra las personas. Puede afirmarse que, cuanta menos educación y cultura tengan las personas, más propensas a la delincuencia y al crimen serán, con lo cual no quiere decirse que “se puede ser pobre, pero honrado”.
En conclusión, la inseguridad ciudadana podría ser superada si el Estado crea un sistema educativo que disminuya las cifras de deserción escolar que inciden en la criminalidad, y que, además, ofrezca oportunidades laborales a todos los sectores de la sociedad, teniendo éxitos más efectivos en la lucha contra las delincuencia.
Otros dirán, pero si roban los que tienen empleo y trabajo, si raponean en los altos niveles sociales, la gente mejor estudiada y preparada, con un buen nivel cultural, hacen de las suyas los llamados “ladrones de cuello blanco”, entonces ¿qué podemos esperar de los menos afortunados?

Muy triste concluir que “esta inseguridad no la para ni el famoso mago Mandrake”. A los gobiernos y al Estado les quedó grande ganarles la batalla a los delincuentes y a pesar de los esfuerzos y golpes contundentes, la acción delincuencial y criminal crece como una hidra, como un monstruo de mil cabezas y la gente considera que no está segura con las medidas que se asumen y toman las autoridades para combatir este generalizado flagelo.
Lo que si se evidencia cada vez más es una debilidad del Estado para implementar estrategias de seguridad ciudadana, es evidente que hay una limitada capacidad de organización multisectorial y una insuficiente información para la toma de decisiones.
El ciudadano de a pié además contempla que la Justicia es lenta, inoperante y no rigurosa en la aplicación de las leyes, la Policía ineficaz en la prevención y control de delitos, y poseemos un ordenamiento jurídico inadecuado y sistema penitenciario precario, que permiten que los agentes de la inseguridad no reciban un merecido castigo o sean ahuyentados.