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Sábado, 3 de octubre de 2026

La inexorable muerte

La inexorable muerte

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

La inexorable muerte
La inexorable muerte

El título parece categórico, casi pitagórico, obligatorio como cuando la mamá quiere bañar al niño pequeño y está haciendo frío. El título es de mi amigo Julián Chica, un pensador pereirano que acabo de conocer por las venturas de la escritura. Me lo referenció hace años el amigo escritor caldense Ángel Castaño que dirige la página literaria «La Avenida».

Lo conocí personalmente en el evento literario  «Encuentro Internacional Poetas en el Equinoccio en Dosquebradas». Me parecía, por las referencias que era una especie de mecenas que convocaba el mes de marzo a ese municipio tan a la mano de Pereira, ciudad comercial y centro de convergencia de todo el «eje cafetero».

No me imaginaba encontrar a un patriarca tan joven con larga parentela de poetas en un municipio que se me antojaba un lugar satélite de Pereira hasta ese momento. Desde que llegué al hotel en donde nos alojamos y tomamos la alimentación, supe de la magnificencia del anfitrión y medí la estatura del evento a que había sido invitado.

Hoy que ya he leído el ensayo con el título digno de una obra magna «De inexorabili morte» y que he trasegado por sus líneas, sé de la estatura de pensador de este escritor hoy día tan cercano a mis terrenos. Cuando iba recorriendo los párrafos, me imaginaba estar ante un Azorín o un ensayista cercano a los monstruos de la literatura castellana.  

Haber tomado un tema tan serio, que fue abordado en un momento de la literatura clásica del idioma por tantos autores que él cita, es empresa seria y comprometedora. Entrar por los meandros en donde habita la muerte y mirar las paredes, los fosos, las compañías severas lo convierten en un autor que no fue inferior a sus antecesores.

Lo ve uno cabalgar en temas sublimes y se topa con un lenguaje a la misma altura de los clásicos. Él en este texto anduvo de la mano muerte y la miró a la cara. No conozco otro texto de este autor pero basta entrar a las primeras apreciaciones para darse cuenta que está uno ante un escritor sólido y respetuoso de un tema que es menú apetecido por los mejores.

Paradójico que un tema del que no podrán criticar los nombrados ya fenecidos y que han probado la dulzura de la muerte, no el aguijón, hablen los que están en fiesta y gozando de muy buena salud. ¿Podrán, acaso, levantarse de su silla de piedra, quienes ya descansan para siempre y no pueden gozar de este otro gozo que es la vida?

Cuando lo leía hablar – casi poseído de ella -, recordaba al vital Julián y su gracejo tan sonriente en el Encuentro de poetas en un espacio del año en el que el astro rey estará más encima de nuestra cabeza y la Luna recorre el firmamento de su mano por 24 horas. Paradójico, repito, saber que el 20 de este mes el sol estará en su cenit.

04-03-19 – 10:41 a.m. 

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