La inconformidad en Popayán


Sin duda hay mucha inconformidad en Popayán con la administración del alcalde Fuentes, por acciones que implican decisiones fáciles, una de ellas el estado del transporte. Valdría la pena preguntar ¿Cuál ha sido la planeación sobre la movilidad, que afecta gravemente a los ciudadanos, poniendo en riesgo su integridad? Para eso no se necesita mucha materia gris en el cerebro, sería la respuesta, ni que la autoridad local sea una eminencia, pues su solución es de sentido común.
¿Por qué el alcalde no monta en bus? ¿No le habrán contado sobre el estado de los buses de servicio urbano? – Son verdaderas hornillas. ¿Cómo pasan los minuciosos exámenes tecno-mecánicos, si son verdaderas ladrilleras? Claro, todo el mundo sabe la respuesta: un billete en medio de los documentos. Pero están atentando contra la vida de los usuarios, por ejemplo, una buseta de la empresa Trans Tambo circula con las puertas amarradas con un lazo. Es increíble que la puerta del conductor vaya atada con una manila, y la misma manila sirve para mantenerla abierta —nunca la cierran— la puerta de acceso de los pasajeros.
¿Y si se presenta un percance, una emergencia, un incendio, cómo el conductor puede salir del vehículo, cómo puede evacuar a los pasajeros? Hebert Erazo, otrora afamado periodista local, decía que un vehículo es un arma mortal. Eso antes de radicalizar los controles de circulación, cosa que en Popayán no ha sucedido. En general, los buses de la empresa mencionada, todos, han cumplido su vida útil y siguen circulando sin que autoridad alguna se pronuncie o ponga cortapisas a esta peligrosa aventura que es salir en transporte público. Para todos, porque esta ciudad no tiene ni proyecta la construcción de nuevas vías. Por eso tiene que restringir la circulación de vehículos particulares con el innecesario Pico-y-Placa. Esta es una ciudad sin venas, que se encuentra infartada.
Y las otras empresas no se zafan del desorden. Paran en cualquier sitio, ocupan toda la calle para que otros buses no los rebasen, perjudican el libre flujo, descargan pasajeros en sitios de riesgo, ponen en peligro la integridad de las personas, no abren las puertas, no las cierran cuando van en marcha, los conductores son mal educados, responden con groserías a los usuarios, utilizan feas expresiones en sus comunicaciones internas por radio, llevan equipos de sonido a todo volumen, son tiendas de chucherías; los buses parecen hornos crematorios porque son totalmente encerrados, la mayoría carecen de puerta de emergencia, no tienen ventilación, es como si los pasajeros fueran bultos de papa, los arruman sin ningún tipo de consideración en esos minúsculos aparatos, que no se sabe quién implementó en Popayán, cuando en todas las ciudades se utilizan vehículos grandes y amplios. Y la autoridad no se ve por ningún lado.
Gordo inconveniente este problema del transporte en Popayán. Victimas somos sus habitantes. El alcalde parece no importarle, y los empresarios no tienen vergüenza al prestar un servicio tan ineficiente y desdeñoso.
Es lo que deberían haber planeado desde un comienzo desde la alcaldía, para evitar poner riesgo la integridad de los habitantes, y para que el servicio de movilidad de los payaneses, costoso por su calidad, responda a las necesidades de los usuarios, que merecen, como clientes de un servicio, toda la consideración del ente municipal y de los empresarios del transporte. No hay a quién más la culpa endilgarle.



