Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Sábado:
Popayán No aplica
Cali No aplica
Sábado, 10 de octubre de 2026

La imagen negativa del exfiscal Montealegre

Eduardo Montealegre Lynett - Fiscal General de la Nación
German Pabon
German Pabón Gómez / Bogotá marzo de 2016 / El Portal de Shambhala.

La imagen negativa con la que se despide el fiscal Eduardo Montealegre, es resultado de sus abonos, siembras, incontinencia verbal, desbordado protagonismo mediático referido a temas sobre los que opinaba, sin dobladillo, y no hacían parte de sus competencias, valga decir, acerca de tópicos indistintos sobre los cuales no poseía facultades de decisión.

No deja de ser recurrente que algunos funcionarios judiciales, claro está, no todos, entre ellos quienes aterrizan o imponen como Fiscal General de la Nación, transcurridos unos cuantos meses de su arribo al corredor más efímero del Bunker, comienzan a padecer de vértigo, soroche, mal de altura, pierden memoria, olvidan deberes funcionales, les brotan síndromes de vitrina, de futuro precandidato a plaza pública, de búsqueda en el aire, por anticipado, de votos que sólo existen como imaginario, se tornan imprudentes, comienzan a opinar acerca de los temas nacionales habidos y por haber, incluidos los que no se les solicita que opinen, y de súbito se auto-convencen y persuaden en sentido que sus opiniones constituyen: «Razón de Estado».

Entre las facultades procesales de formular imputaciones, solicitar medidas de aseguramiento, ordenar a policía judicial que recaude elementos materiales probatorios, evidencias físicas, informaciones legales, formular acusaciones, sostenerlas en juicios orales, solicitar condenas, absoluciones, y entre las razones de Estado y visiones de Estado y estadista, existen distancias que, a veces, los fiscales generales no entienden o confunden, y ello sucede cuando les brotan viruelas de convertirse en protagonistas de la novela nacional o en personajes de reparto del culebrón de turno.

Los deberes funcionales de fiscales, no es dable ni prudente entremezclarlos con actividades ni opiniones políticas de ninguna índole. Toda vez que:

Cuando se mixturan con opinaderas políticas, incontinencias en asuntos polémicos o politizados que no son de la debida competencia, se corre el riesgo inmenso del desgaste de la imagen personal, desgaste de credibilidad en la Justicia, desgaste institucional de la Fiscalía, a quienes los ciudadanos perciben como una Fiscalía vitrinera, politizada, parcializada y con proyecciones de sesgos no ideológicos sino ideologizados.

El fiscal Eduardo Montealegre, olvidó el horizonte de su cargo, pues se le ocurrió que sus opiniones constituían Razón de Estado, y sin que ningún sector ni nadie le otorgara vocería ni representación, comenzó a opinar desde su orilla ideológica, y sin mandato de la sociedad civil se entrometió en los diálogos de La Habana, e impuso, de facto, la tarea de formular propuestas legislativas in-consultas con la mesa de La Habana, acerca de eventuales acuerdos y respecto de las penas que deberían pagar los integrantes de las FARC.

Se le ocurrió, asumiendo el libreto de negociador en La Habana y legislador, sin esperar desarrollos de la Ley Estatutaria del Marco Jurídico para la Paz, sin esperar resultados del referendo ciudadano, que a los integrantes de las FARC como respuesta a sus crímenes, de manera perfecta se los puede condenar a pagar «servicio social», olvidando que frente a crímenes de guerra y contra el D.I.H., el servicio social como respuesta irrisoria ajena a los postulados de verdad, justicia y reparación a las víctimas quienes quedarían en absoluto burladas, no constituye pena alternativa de ninguna especie.

Sería deseable que asesores de imagen y contratación, aconsejen y hagan entender a Eduardo Montealegre cuando asuma la embajada en Alemania, que le ponga dobladillo a sus diarreas, que regrese a lo suyo, a precedentes de la jurisprudencia, que vuelva miradas a temas penales sustanciales, procesales del sistema acusatorio en los que oficia como profesor emérito y tratadista, que le adviertan, así sea de manera coloquial, en alemán, en Saludcoop, en Perdomo, en Springer, en hackers, en Maquiavelo, en Rasputín, Sun Tzu, sánscrito o arameo, que cuando no se posee trayectoria y experiencia suficiente en asuntos políticos en lo que corresponde a la visión y construcción de Estado, se corre el riesgo inmenso de rodar por abismos del desprestigio, y pasar de la placidez del discurso académico: al anonimato.

Exfiscal Montealegre: anote en su agenda, que su imagen negativa ante la sociedad civil colombiana, increíble, pero cierto, superó la imagen fatal de su antecesor, valga decir, de la Fiscalía de Carlos Alonso Lucio y su combo.

Articulos relacionados