LA HORA DE LA VERDAD


Después de más de un año de actividad política, ahora se define quien dirigirá el Estado colombiano, en los próximos cuatro años o en no se sabe cuántos, por culpa de la figura de la reelección presidencial.
Se dan dos estilos que se presentan diferentes, uno soportado en los diálogos de La Habana, con amplios espacios de concertación, el otro con restricciones sobre aspectos relacionados con la impunidad, pero al final aceptando el proceso de paz, por cuanto no es solo un tema de política nacional, sino de incumbencia continental.
La expectativa de los gobiernos de muchos países del mundo se constituye en presión sobre los diálogos para encontrar salidas acordadas al conflicto o de formas de superar sus orígenes y las circunstancias que lo han convertido en el más antiguo de América.
La convocatoria por la Paz ha persuadido la opinión y manifestación de amplios sectores de científicos, académicos, empresarios, sindicatos, representantes de organizaciones internacionales y de expresidentes con reconocimiento mundial, como es el dado por el señor Lula da Silva, el señor Felipe González, el Arzobispo Desmond Tutu, para solo citar los últimos pronunciamientos.
Los informes parciales o de avance, de la agenda establecida para la ruta de discusiones y acuerdos según el gobierno y los voceros de la guerrilla, dicen superar los primeros puntos fundamentales para la terminación del conflicto, incluyendo el aspecto primordial del reconocimiento de las víctimas.
La manifestación de connotados promotores de opinión en Colombia, muchos de los cuales, han sido precisamente críticos del establecimiento y de las actuaciones del gobierno, debe crear en la delegación de la guerrilla, un sentido de oportunidad para lograr el mejor momento de aceptación ciudadana.
El debate electoral aun con las penosas situaciones de señalamiento de actuaciones cuestionadas, indica la necesidad de un cambio en la manera de hacer la política y en la forma de administrar el estado, más allá de los partidos políticos, hacen presencia otras formas de presión de la opinión pública, en toda la sociedad.
Los medios de comunicación aparecen como canales por donde fluyen los diversos recados, la noticia y la publicidad, el efecto de las encuestas sobre el voto de opinión, la crítica prevenida del receptor sobre los diversos mensajes y su influencia en la decisión final.
Regiones como la nuestra, en donde confluyen representaciones de todos los sectores en las dos candidaturas presidenciales, su presión condicionará cambios en las posturas tomadas respecto a la forma de mirar el Cauca, concebirlo y proyectarlo, para aceptar una realidad que indica modificar situaciones que vienen estáticas de hace muchos años.
Estas circunstancias condicionan una postura civilizada de respeto y de aceptación de los resultados emitidos por la Registraduria del Estado Civil, organismo institucional encargado de estas funciones, del cual se espera la mayor eficiencia, para evitar el peligro de las dudas.
En el Cauca el ambiente de convivencia regado en medio de todas las dificultades, debe cada día tener mayor cobertura para demostrar a la Nación la madurez y el deseo de sus gentes para una vez más, indicar el sentido de solidaridad y tolerancia, dispuesto para la superación de los conflictos.
Pero el Estado colombiano, otras regiones del país en donde la guerra no tuvo iguales implicaciones humanas y materiales, deben dar paso a una presencia presupuestal, económica y financiera, en donde la combinación del sector público y privado, recuperen el tiempo perdido en un departamento que le ha conservado al país, como ningún otro, la diversidad étnica, cultural y ambiental de Colombia. ¡¡Es la hora de la verdad ¡¡



