LA FIGURA DE GAITÁN



Hay personajes que pertenecen a la historia en vida y lo continúan ejerciendo después de muertos. Se caracterizaron por gestos políticos, actitudes frontales que lideraban hechos y delineaban conductas a su alrededor. Durante su vida, que no fue muy larga, porque lo segó la guadaña de la traición y la celada oportuna.
Jorge Eliécer Gaitán, tribuno del pueblo, orador sublime, hombre de principios y lengua sin tapujos fue un héroe como el Cid, como Alejandro el Magno. No lo vimos a caballo ni con mantos de púrpura ni anillos de poder en sus manos ni coronas de laurel en su frente, pero sabemos de su talante, su verbo más caliente que la lengua que sale del dragón.
Hombre integérrimo, sin doble faz, de lenguaje directo y dispuesto a meter su mano al fuego por las causas del Pueblo. No se han vuelto a ver a hombres públicos en nuestro suelo que llenen plazas y que enciendan los pechos más que un incendio en una montaña con su garra en alto. Con su verdad, con su mirada de hombre y de niño sincero. Dispuesto a morir por decirla y sin miedo de ofender a las diversas oligarquías poderosas que le temían y lo odiaban porque no lo podían contener.
Jorge Eliécer Gaitán con su puño alzado parecía a Hefestos, dueño del fuego de la palabra, sol de día, en la plaza y sobre las multitudes que lo seguían como perro faldero. No lo vi nunca a caballo, pero tenía un látigo para fustigar los engaños de sus contrincantes y para alejar a su gleba de las mentiras y del ghetto en que mantenían encerrado al pueblo, a los parias del pueblo, a los más pobres que lo seguían.
Se encariñó con los descamisados, con quienes andaban casi desnudos, de los que tenían ni un peso para votar ni tener derecho a un tamal o un plato de almuerzo. Gaitán fue una promesa, solo una promesa, porque no alcanzó a probar el solio de Bolívar. Era un ciudadano con vestido de abogado y de defensor de los parias que el poder nunca los miró. Tantos como los hay hoy, el mismo porcentaje que no son contados por el Dane ni por la coleta de Planeación.
Si Gaitán viviera, volvería a encender el fuego que se apagó con su muerte infame. ¿Fue Roa, en verdad? ¿Hubo una sombra siniestra detrás de ese personaje oscuro y vaporoso? Y las cuentas que haría sobre la igualdad, los índices de pobreza, la inequidad en la repartición de la riqueza de Colombia tendrían una valoración distinta a la que presentan las Agencias del gobierno. Su oposición sería tan frontal como la de entonces o más radical y con detalles y nombres. En Colombia le están metiendo la mano al bolsillo al trabajador raso, le están minando el agua, dañando el ambiente, los mares, horadando y envenenando el subsuelo, la están regalando por pedazos al inversionista o nuevo colono extranjero. Hola, Gaitán, ¡ojalá volvieras y subieras de nuevo a la plaza a defender a los parias y descamisados de hoy!
10:05 a.m. 09-04-17



