LA FIESTA DE LOS RATONES

¿Hermoso día, vamos a pescar? – le dijo el pescador al gusano, retorciéndole el pescuezo en el anzuelo.
Así resultan, con el correr de los días los avatares de la lucha por encontrar un país mejor, por hacerlo mejor. Como bien parece que ha resultado para buena parte de la población el festejo inicial después del apoteósico ascenso de las huestes liberales al gobierno municipal: más de lo mismo.
No es de extrañar. La celebración del día de la mujer que debería conmemorar la lucha de las mujeres por la igualdad política, social y económica ha terminado por las artes de birlibirloque en negocio de moteles.
La celebración del día de los trabajadores que debería conmemorar la lucha de los trabajadores por un salario digno y un descanso merecido, va terminando poco a poco, en paseo de olla con caneca incluida.
La celebración del día de los estudiantes va terminando si ya no ha terminado en parrandón con condón incluido y un porro en mano.
Como terminaron igualmente los cementerios públicos en manos de la Iglesia católica que hace con ellos su agosto provechoso.
Como terminaron las juntas comunales en caspetes y guarida de los politiqueros de ocasión.
Como terminaron las arcas municipales convertidos en la tienda de mecato de los contratistas que bailan al son que le toquen, con tal de que les toque el ripio, la marmaja y la coima.
Como terminaron los espacios públicos en manos de los transportadores privados y de los compromisos soterrados para mantener los votos milagrosos de los cautivos vendedores ambulantes y sus explotadores.
Como terminaron las tiendas de internet, panacea de la democracia de la información y la comunicación en antros para el deleite pornográfico con la complacencia e indiferencia pública.
Como terminó la dignidad de los ciudadanos, convertida en mendicidad del subsidio público que no es otra cosa que el bagazo de las ganancias que sacan los bancos y las multinacionales del suelo, el subsuelo y los servicios públicos hipotecados por todos los gobiernos. La repartición inmisericorde la patria tan querida, de la nación tan alabada, del país del Sagrado Corazón.
Como han terminado los hijos tirándole a los padres, los pájaros a las escopetas, los parques de descanso en guaridas de la prostitución y el vicio.
Así que no hay por qué extrañarse que festejemos nuestra propia horca y que alabemos el cinturón que nos aprieta.
A gozar y a bailar que el mundo se va a acabar.



