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Jueves, 1 de octubre de 2026
sábado 26 diciembre, 2015 a las 11:03 am

LA FELICIDAD NO VIENE EN FRASQUITOS

Felicidad - Jazmine
Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

Felicidad - Jazmine

La felicidad es un estado de ánimo y se aloja de pronto en el interior de los sentidos. Es la disponibilidad voluntaria a recibir los estímulos que nos presentan en variados platos a nuestro paladar. Es estar dispuestos a gozar de ellos en la mesa de la Vida.

Momento a momento se nos brindan manjares de sabores, colores, olores, sonidos en distintas formas y cantidades. Unos llenan de aire nuestros pómulos y pulmones, el agua nos refresca la espalda, la flor hace que salten nuestros ojos.

Porque la felicidad no atraganta, aborrece el exceso, no se encuentra en una cueva ni en las arcas de un banco.

Para ser feliz bastan mínimos detalles, sucesos sorpresivos como leer un capítulo de un libro, beber despacio una copa de agua, sentir la piel de la mano o del costado de la persona amada. La felicidad no produce escozor o miedo a perderla, ni puede ser robada de un cofre con clave.

Ella entra sin pedir permiso por la boca, por los ojos por el oído o por los poros, al cubrir el pie con un par de medias limpias. La felicidad nació pequeña y nunca quiso llegar a ser famosa. Se encuentra desnuda, silvestre como la albahaca o la yerbabuena o se sirve en cuchara pequeña con nombre de arequipe o miel de abejas.

Siempre es buena compañía y se aleja de los predios o lugares donde se cultiva la cizaña, el chisme, la trampa o la envidia.

La felicidad sabe a beso, a almíbar, a colmena, a mujer soltera o encinta, a dátil. Huele a viento junto a la fuente, a caballo a galope, a niño recién nacido, a tamal caliente. Punza como el dolor del coito, como un mal pensamiento o como el remordimiento de no haber pecado.

Qué fácil y barato es encontrarse ahora mismo con la felicidad, cara a cara. Tan solo es suficiente con una brizna de ella pues viaja sola y con prisa. Tan solo basta con su sonrisa y su abrazo furtivo y que nadie más lo advierta.

No. La felicidad no viene en frasquitos de perfume. No es tacaña ni presume. Cuando alguien se encuentra con ella lo llenará todo. Desde la punta del pie subirá, hasta las pestañas parpadearán y la garganta se secará de la emoción.

Cuando la felicidad lo ha visitado a uno, la vida cambiará en adelante. Mirará más limpio, nunca volverá a tener hambre ni le faltará el sueño. Sabe que la felicidad lo espera en el próximo escaño donde se siente en las horas del crepúsculo con su novia o a la vuelta de la esquina cuando se encare con el rostro de un viejo amigo o cuando oiga el canto de un carpintero en el tronco del árbol junto al río o picotee la alondra amiga en la ventana buscando una miga o una semilla.

¿Quiere usted, amiga/o, encontrar la felicidad? Ya ve lo fácil que es. Con solo pedirlo, como el genio, y sin redoma, usted la puede hallar.

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