La estrategia de Popayán para reinventar su identidad


La historia de Popayán merece ser recordada. En 1904, durante el gobierno de Rafael Reyes, el llamado «Cauca Grande» fue dividido. Este proceso continuó hasta 1910. Popayán quedó ubicada en el actual departamento del Cauca. Aquella división significó una profunda crisis para la ciudad. Implicó la pérdida de su hegemonía sobre el antiguo Estado Soberano del Cauca.
El primer centenario y la reinvención de la identidad
Las castas dominantes de Popayán buscaron una salida a su crisis. Para ello, aprovecharon la fiesta del Primer Centenario de la Independencia en 1910. Su objetivo fue crear una nueva identidad. Una identidad que honrara su relación con el pasado. Que ayudara a construir una memoria colectiva. Querían un tipo de tiempo adecuado a los desafíos del siglo XX. Prefirieron un pasado glorioso para superar su difícil presente.
En 1907, Popayán conmemoró el 20 de Julio de 1810. Se expidió el decreto No. 195. Con él, se iniciaba la celebración del centenario. La conmemoración debía honrar al prócer José María Cabal en Buga, Cali y Popayán. Sin embargo, la celebración fue cancelada. Esto se debió a la rivalidad política que surgió en 1908 y 1910 entre las tres ciudades.
Concursos y reliquias: La exhibición de la grandeza pretérita
Se conformó una nueva junta. Las fiestas de Popayán comenzaron. Se organizaron concursos de carácter científico, artístico, industrial y pedagógico. Querían mostrar sus adelantos. Esto contrastaba con Cali, donde reconocían estar lejos del progreso. Sin embargo, el concurso científico payanés no se enfocó en el presente. Sus perspectivas volaron hacia el pasado. Se sumergieron en los descubrimientos de Francisco José de Caldas.
El concurso propuesto era estudiar los avances científicos de Caldas. En particular, la medición de latitudes. Se utilizaba la temperatura de ebullición del agua. El gobernador Alfredo Garcés disertó sobre la educación. Elaboró un texto difundido en las escuelas. Allí invitaba a la instrucción. La veía como el camino para salir del atraso. Garcés la promovía como recurso para el amor a la patria. A petición del gobernador, se organizó una exhibición de reliquias históricas. Esto se hizo en el salón del Concejo Municipal.
Reliquias, censos y sables: Un pasado para el presente
Se designó a representantes de los viejos abolengos de Popayán. Jorge Iragorri, Santiago Arroyo, Manuel Caicedo y J. Bolívar Mosquera fueron los encargados. La exposición incluyó el censo de la ciudad de 1791. También se exhibió el espadín de don Jerónimo de Torres. Se mostró el sable del comandante Gregorio Angulo. Este era un jefe realista. El sable indicaba que los ideales realistas perduraban.
La memoria de una sociedad es su identidad. La memoria de Popayán fue «secuestrada por la historia». La memoria es «la vida». La historia es una «construcción problemática». Es una construcción de lo que ya no existe. Así, Popayán emergió en una hora gloriosa. La arenga del gobernador Alfredo Garcés fue el inicio. Garcés fue claro sobre el valor de los héroes. Recomendó seguir sus pasos.
La Batalla del Bajo Palace y la vida del pasado
En 1911, el Concejo de la ciudad acordó una sesión extraordinaria. El objetivo era registrar la fecha del centenario de la Batalla del Bajo Palace. Buscaban consignar los nombres de los héroes. Las élites payanesas asimilaron las fiestas cívicas. De esta manera confirmaron su hipótesis. Popayán y su clase alta voltearon al pasado. Aprendieron a vivir con él. Se sumergieron en el pretérito brillante para «aislarse».
Lo único que queda es conservar con orgullo las antiquísimas costumbres. Hay que nutrirse de las glorias pretéritas. Vivir del pasado y no únicamente del remoto.
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