LA ESPADA DE DAMOCLES

El pasado sábado 6 de julio del presente año, siendo las 10 y media de la mañana, un día soleado y muy hermoso, propicio para salir y hacer nuestras “vueltas” de siempre, día del acostumbrado mercado y de la “galemba” (galería o plaza de mercado), como dice la gente en su lenguaje popular y cotidiano, los quilichagueños fuimos sorprendidos por un fuerte ruido, que se escuchó en gran parte del casco urbano de nuestra querida ciudad. Me encontraba en el parque Santander (o mejor, Francisco de Paula Santander, un poquito más largo, pero es el nombre propio), y al instante, lógicamente, empezaron a escucharse los comentarios respectivos, de diversa índole, acompañados de gestos de asombro, incredulidad, miedo y dudas, preguntas y suposiciones: ¿Dios mío, qué habrá pasado?, ¿dónde habrá sido?, ¿fue en el pueblo?, ¿habrá sido una bomba?…, en fin, cada uno expresaba sus ideas y conjeturas libremente, con un común denominador, el miedo, que es una emoción humana, razonable y muy natural.
Lógicamente, la relativa tranquilidad sabatina de nuestra ciudad, fue cercenada ese día (a la manera de la historia de la famosa espada de Damocles, haciendo alusión a tal personaje, quien fue cortesano de Dionisio el Viejo, tirano de Siracusa, refiriéndose a una situación de peligro permanente a la que se halla expuesta una comunidad o una persona). En mi librería preferida donde habitualmente adquiero, con excelente atención mis periódicos, revistas y libros de mi interés, ya las personas, un poco más tranquilas, comentaban lo sucedido. Y fue un abogado muy conocido en la ciudad, quien dio una versión aproximada de lo acontecido: en la vereda San Pedro, cerca al balneario Los Amigos, había estallado una carga explosiva (después se supo que eran dos). Ya al medio día, la noticia fue confirmada por los diferentes medios de comunicación: 16 personas heridas (7 policías, 8 civiles y una menor de edad), y presuntos autores los de las Farc.
Desde luego que, los quilichagueños, hemos sido afectados enormemente por noticias como la descrita y las consecuencias son preocupantes, en todos los aspectos de nuestra cotidianidad y vida normal. Por ejemplo, decía una señora: “… y a nosotros, por qué nos pasa esto, ya no podemos salir tranquilos a ninguna parte, es inaudito”. Y así por el estilo. Y cuando hay de por medio seres humanos, afectados por situaciones como la presentada, la cuestión se torna tristemente preocupante, porque es el derecho fundamental a la vida el que está en juego.
Por lo anterior, debemos estar más unidos que nunca, en torno de nuestras instituciones para defender ahora más que nunca, ese poquito de tranquilidad y de paz, que nuestro municipio disfrutaba hasta hace poco. Todos los quilichagueños debemos hacer causa común, en pro de la defensa de nuestro municipio, “Tierra de Oro, de los Samanes, de la paz y la tranquilidad”.




