Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Vaya hallazgo de flor tan singular. La lupa de la iluminada Ministra de Educación, María Fernanda Campo, ha encontrado por ciudades y poblados que las universidades no atraen a sus estudiantes con estrategias y con propagandas como las que usa cualquier firma comercial. Y que no cobran por carreras o por diplomados o especializaciones o maestrías o doctorados, según cálculos muy ajustados a la dulzura de la libre oferta y demanda. Y que sus dueños no poseen excelentes sedes o campus, hasta con hotel, restaurantes y pasajes internacionales. Y que no gozan sus dueños de sueldos y rentas como en cualquier negocio de carros, bancos o seguros.
Solo bastaría mirar palacios de hadas como las de la Sabana en Chía, los Andes, las Javerianas, las SanBuenaventuras, el Icesi, las Autónomas o aún la Santiago de Cali.
Hablar que nuestras universidades deben convertirse en instituciones con ánimo de lucro es un chiste flojo. ¿Cuánto cobra la universidad más “cenicienta” por una carrera intermedia, por un pregrado, o el embeleco de un diplomado? No cualquier padre de familia puede matricular a su vástago joven con los costos casi astronómicos de la educación apodada “superior”.
Porque las familias de estratos 1 , 2 y 3 no podrán aspirar a este lujo que es matricular a uno de sus hijos en una universidad. Deberá embargar al mercader de la educación sus bienes y su hígado como Antonio a Shylock. Los salarios que reciben de las empresas intermediadoras de trabajo en las nuevas empresas que van cambiando de nombre cada temporada, apenas si sirven para lavar las lágrimas y pagar la movilización en el caos de nuestras calles.
No es una mentira decir que la Universidad en Colombia es elitista y solo entrarán allí los engominados. Algunas Universidades tienen en sus slogans de propaganda que sus egresados saldrán de allí con empleo y derechito al cielo, a cambio de las altas sumas que pagan por semestre. ¿Quién puede pagar cuatro, cinco o seis millones por semestre si en las bolsas de empleo temporales y cooperativas de trabajo pagan salarios de 550 o 600 o 700 mil pesos mensuales, nominales, con los descuentos que los rebajan? Porque la mayoría dictan clases y otorgan títulos y lanzan a la calle a sus egresados sin esperanza ni respaldo alguno. Obtener título universitario hoy en este país sagrado desgraciadamente no garantiza egresar con calidad de conocimientos e idoneidad profesional.
Decir que la Universidad Pública no es comercial es una mentira mal disimulada. Quien entra a la Nacional, a la Distrital, a la del Valle, a la Uis, a la del Cauca, a la del Tolima también debe pagar según su estrato y olla, o declaración de renta, a excepción de los becados por familia, por palanca o por méritos académicos. El Gobierno contribuirá con el pago de directivos y profesores, para equipos y mantenimiento. Es una obligación social de la cual también quiere zafarse ahora el gobierno Santos. La universidad pública es gratuita, en todo caso, según lo prescribe el artículo 67 de la Constitución Nacional, en su parágrafo 3º.
¿Qué otras perlas podrán hacer más oneroso el ingreso de un colombiano raso a la universidad y obligar con este invento a llevar detrás de su nombre la sigla CAL – Con Ánimo de Lucro-: Universidad Nacional, C.A.L o Universidad Javeriana, C.A.L? Si quiere el Gobierno levantar impuestos para que lo ayuden, que los paguen solidarias las empresas que se sirven de los genios que les educan las Universidades y no firmas extranjeras que quieren lucrarse con las sufridas familias colombianas*.
24-06-11 – 10:35 a.m.
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